Zazpi T’erdi, la realidad como fuente de otra realidad

H.

En el legado que dejará esta edición del festival destaca ‘La via flotante, la película de Zazpi T’erdi, ganadora de X Films en 2018, que emplea imágenes reales para construir otra realidad distópica

ION STEGMEIR / DIARIO DE NAVARRA

La realidad también puede tomarse como material con el que construir otro mundo inexistente. El colectivo Zazpi T’erdi lo demuestra en la película ‘La via flotante’, donde crea una especie de universo apocalíptico, sin rastro humano, pero lo hace empleando imágenes reales de hoy en Navarra. El trío formado por el guipuzcoano Pello Gutiérrez junto a los navarros David Alegria e Iñaki Sagastume estrenaron el viernes la película, con la que ganaron la convocatoria ‘X Films’del año pasado y, por tanto, su producción por parte del festival.

La via flotante se basa en la teoría de que si el ser humano desapareciera del planeta su rastro se iría esfumando poco a poco, los edificios se irían cayendo, la naturaleza engulliría lentamente la civilización, hasta que quedara un único rastro del ser humano, en las ondas. “Las emisiones de radio una vez que cruzan la atmósfera ya viajan eternamente por el espacio porque no tienen rozadura alguna, según esta teoría, dentro de miles de millones de años, cuando ya no haya rastro del ser humano, seguirán todavía las ondas de radio”, explica Pello Gutiérrez.

La película presenta la estación previa a ese momento, uniendo imágenes de lugares abandonados de la geografía navarra actual, que aún muestran un rastro de presencia humana, con el sonido de las ondas de radio y conversaciones de radioaficionados que han captado durante este año y que son en La vía flotante los únicos en ocupar esas ruinas.

Los Zazpi T’erdi lo encuadran en lo que llaman género de la ciencia (no) ficción. “El espectador sabe que eso no es así, pero que podría ser; sabe que hay humanos fuera del marco que hemos seleccionado en la imagen, pero durante el recorrido de la película entras a ese pacto de lectura y juegas a esa cosa, que son un poco los códigos de la ciencia ficción también, una realidad que no es así pero podría ser”, explica David Aguilar.

Las ondas de radio no son necesariamente de aquí, más bien al contrario. “Hay sonidos del espacio, ultrafrecuencias, conversaciones de radioaficionados, programas de radio... es como un recorrido por el espectro radioeléctrico”, explica Aguilar.

Durante el proceso de realización los tres se han metido en ese mundo, “como espías escuchando los sonidos del aire”, apunta Pello Gutiérrez, y han ido aprendiendo los códigos de los radioaficionados. “Hemos estado en contacto con varias asociaciones de Navarra y de Guipúzcoa y hemos conocido todo su vocabulario, sus tecnicismos... también sus reglas de oro, como no hablar de política o de religión”, explica Iñaki Sagastume. Han disfrutado, admiten, y han reúnido en el proyecto aficiones de los tres, como la ciencia ficción, la astronomía y el mundo sonoro. Para recopilar el material -Aguilar se ha pasado buena parte del año con unos cascos puestos- han buscado conversaciones que hablasen de temas como la astronomía.

Todas esas voces metálicas aparecen en los títulos de crédito con sus nombres de radioaficionados, códigos identificativos compuestos por letras y números, lo que da un aire más apocalíptico aún al planteamiento. “Tenemos mucho archivo sonoro, lo más complicado ha sido encontrar los extractos de conversaciones que se adecuaban al tono que buscábamos”, explican.

La otra gran búsqueda fue la de las localizaciones. “No nos interesaba ir a los sitios más típicos de Navarra, había que buscar de todo, lo hemos hecho utilizando desde Google Maps hasta tirándonos a la carretera, porque muchos de estos sitios no los encuentras salvo haciendo kilómetros, yendo por una carretera, por otra, parando a ver, preguntando a la gente...”, relata Sagastume. Las cuevas que aparecen en la película, por ejemplo, son las minas de Bera, un paraje que les resultó muy complicado de encontrar. “Ha sido bonito, hemos recorrido desde el norte hasta el sur, en la Ribera, en Pamplona, en Tierra Estella, en Leúza, la Cendea de Galar...”, enumera Pello Gutiérrez.

CON OJOS DE EXPLORADOR

Las limitaciones geográficas -los proyectos de X Films deben rodarse en Navarra- y de tiempo -disponen de un año desde que son elegidos hasta presentarlo en la siguiente edición del festival- las han vivido como un reto. Entregaron la película este lunes, cuatro días antes de su estreno en el Baluarte. Si no, seguirían buscando. “Nos hemos puesto exigentes, no queríamos que fuese una cosa sola experimental o formal”, apunta David Aguilar. “Nos ha costado encontrarle la coherencia, que la película fuese coherente en eltono, que estuviera bien empacada”, añade.

Así han creado una cuidada atmósfera que ahonda en esa sensación deshumanizada. Les ha salido de manera instintiva. “Hemos tenido que volver a los lugares varias veces, hemos tirado más a la parte del invierno, y a amaneceres y atardeceres, pero sí que había una puesta en escena en al cabeza”, explica Pello Gutiérrez. La cámara se convierte en los ojos de alguien que llega a ese lugar, por eso han utilizado la cámara en mano, para que se note que hay alguien grabando, ese explorador, una mirada de alguien.