Vivimos tiempos interesantes

H.

ANAI ASTIZ

Un conocido proverbio chino, para desear infortunios, dice “¡Ojalá te toque vivir tiempos interesantes!”. Su certeza es opinable pero es un hecho que en estos momentos, en la política (que a todo afecta y ahora no para bien), vivimos tiempos interesantes. Se percibe que la actual legislatura está agotada, una vez rechazados los Presupuestos Generales del Estado; se evidencia que todo va a peor, con un desgaste creciente del crédito de la política y de los políticos que lleva a dos efectos indeseados -no contrapuestos- para abordar cualquier proyecto de país y/o de vida en común: la polarización radicalizada de los extremos y la desafección de los moderados, situándose en la abstención.

Pocos temas han visibilizado este agotamiento como los del “relator” y el de la “manifestación en la plaza de Colón”, protagonizados por extraños compañeros de viaje y poco más en común que la ansiedad: unos por mantener el gobierno, en precaria minoría, y otros por hacerlo caer. Las explicaciones dadas, poco entendibles y modificadas sobre la marcha -con argumentarios ad hoc- han recordado las palabras de Antonio Machado cuando escribió: “¿Dijiste media verdad? Dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad”, y se han situado a gran distancia de lo escrito por uno de los calificados como padres de la Constitución, el catalán Miquel Roca, cuando ha expresado que son “las instituciones de la soberanía el único espacio democrático en el que la palabra se vuelve pacto, la discrepancia hace posible el acuerdo, la convivencia da sentido a las renuncias y que la Constitución marca el camino, incluso para los que quieren reformarla”.

En estas situaciones se crispan hasta los afectos y ser acríticos con lo propio también es reflejo negativo de la polarización social: con lo que dijo públicamente Felipe González, con respeto y razón, sobre “el relator” y el independentismo, ha sido más leal y apoyado más al presidente, Pedro Sánchez, que quienes actúan como “si no ven ni oyen” lo que acontece en España y en sus comunidades autónomas.

El gobierno debe ponerse al frente en la defensa de nuestra democracia y de sus instituciones

Otro síntoma del agotamiento de la actual legislatura es, como está ocurriendo, el de apelar y situar al diálogo, que es tan sólo un instrumento y/o un medio para la consecución de un fin, como un mantra que todo lo justifica; diálogo que es imposible cuando el interlocutor lo pretende situar, una y otra vez, fuera de las reglas de juego que nos hemos dado con la Constitución y las leyes. Defender nuestra democracia y la Constitución nos exige a todos no aceptar estrategias donde los hechos no importen y las mentiras circulen impunes. No hay posibilidad de acuerdo con quienes todo su empeño se basa en una regresión constitucional, deteriorando la democracia y las instituciones españolas (que tanto esfuerzo colectivo costaron) que son las que nos garantizan la libertad de pensamiento y de comportamiento mediante leyes que nacen del criterio mayoritario (y que siguiendo el mismo criterio pueden cambiarse).

Corresponde al presidente del Gobierno de España, y a su criterio, la capacidad legal de convocar elecciones anticipadas con la complicación añadida por el comienzo del juicio del procés que se inicia enturbiado, desde el independentismo catalán, empeñados como están en deslegitimar a la justicia y a sus tribunales, cuestionando la separación de poderes y la independencia judicial (a la vez que piden al Gobierno de España que las condicionen); exigiendo la impunidad para todos los implicados en los hechos acontecidos en septiembre y octubre de 2017, vendiendo que se juzgan ideas; y tratando de lesionar la reputación de nuestros jueces, fiscales y magistrados, diciendo que España y su justicia “no respeta los derechos humanos y las garantías procesales”, dándoles igual que el Tribunal Supremo español esté considerado como uno de los tribunales más garantistas de Europa y que menos condenas, por vulneración de derechos humanos, ha tenido por parte de los tribunales de Estrasburgo (TEDH). La reputación internacional de España y su justicia (y leyes) se las trae al pairo, dado que las consideran ajenas, muy en la línea de lo escrito por Franz Kafka en su obra El Proceso: “Admite que no conoce la ley y al mismo tiempo afirma que es inocente”.

El gobierno debe ponerse al frente en la defensa de nuestra democracia y de sus instituciones, cuando la misma Europa es consciente del desafío como lo reflejan las palabras referidas a España de los vicepresidentes de la Comisión Europea, Jyrki Katainen y Frans Timmermans, diciendo respectivamente: “Creemos en el sistema judicial español, que es por cierto uno de los más independientes y creíbles de Europa” y “en el caso de España, la Comisión no tiene críticas sobre el funcionamiento del Estado de derecho, la democracia ni la aplicación de los derechos humanos”.

Anai Astiz Medrano es exconsejero del Gobierno de Navarra