Una semana sin plástico, o casi

H.

ANNE RADJASSAMY / DIARIO DE NAVARRA

Los retos o ‘challenge’ son una actividad recurrente en nuestra sociedad y muchos se difunden por las redes sociales. El reto como única forma de superación con fecha de caducidad.

Nunca he participado en ningún reto. No me interesa saltar de un coche en marcha para bailar y cantar. No me interesa que mis seguidores vean una foto mía de hace diez años. No me interesa tirarme encima un cubo de hielo o una olla a presión con agua hirviendo. No me interesa ir sin maquillar durante una semana. No me interesa para nada.

La mayoría de los ‘challenge’ se hacen para ser vistos por los demás pero carecen de fundamento. No existen retos como ‘probar a no ser racista durante una semana’ o ‘tratar a la gente con respeto aunque no compartan mis ideas’. Un reto es algo puntual que no demuestra ninguna habilidad ni valor humano. Es una tontería para formar parte de un colectivo virtual. Otra muestra de falta de personalidad.

Siempre he dicho que me comprometería a seguir un reto útil. Por eso, y en el marco del mes del medioambiente, decidí no usar plásticos durante una semana. Y sin necesidad de hacer ‘stories’ de Instagram para promover esta pequeña acción. Sin avisar a nadie. Solo para mí.

El primer día, tuve que reflexionar sobre el uso que hacía del plástico y la presencia que tenía en mi vida. La respuesta fue clara: no vivía rodeada de petróleo procesado. En casa, por ejemplo, no consumo productos envasados. No por sobredosis de concienciación sino por costumbre. Me gusta saber de dónde viene lo que consumo : ¿es este u otro producto de temporada o no ? Un intercambio constante con ellos me permite conocer lo que tengo en el plato. Simple curiosidad, no falsa ética. Frutas, verduras, especias, pescados y carnes. El porcentaje de envases de plástico en el caso de los productos de alimentación en Europa es de un 60%. Ese plástico queda días y días adherido al producto y eso nos mata poco a poco. Todas las manzanas tienen el mismo tamaño y el mismo sabor pero se pudren antes porque no las dejamos respirar.

Comprar la fruta cortada y envasada en cajitas transparentes es una aberración. Vivimos en un mundo en que la excusa del tiempo vale para todo y para todos. Alegar no tener tiempo de cortar una pieza de fruta es de vagos. Comprar verduras cortadas, y listas para hervir, es de vagos. Adquirir productos congelados para no tener que cocinarlos es de vagos. ¿Tanto cuesta saber lo que tenemos en nuestras neveras y controlar la vida de nuestros alimentos para que no caduquen?

La batalla contra el plástico también se da fuera de los comercios. En nuestro día a día, en el trabajo, por ejemplo, no cuesta nada rellenar botellas de cristal o de metal en lugar de usar vasos de plástico. A la hora de la comida, es más sano y ecológico llevarse un plato de casa que consumir ensaladas insípidas envasadas en plástico.

Eliminar el plástico de nuestras vidas al cien por cien es casi imposible, pero tomar conciencia del uso que hacemos de él es primordial. Con un mínimo esfuerzo podríamos cambiar nuestras rutinas. En lugar de asaltar a nuestros comerciantes por cobrarnos la bolsa a cinco céntimos, tendríamos que pensar en el porqué de esa medida. No estoy diciendo que me haya convertido en una fanática del ‘cero plástico’, ni tampoco digo que tengamos que fabricar nuestro champú en casa con hierba y barro de la Taconera. Defiendo, más bien, que abramos los ojos y hagamos un uso responsable de ciertos materiales.

Imaginar un mundo en el que los envoltorios de las ‘chuches’ fuesen de papel ‘kraft’, donde cada uno tuviese su cantimplora, donde pudiéramos comprar las cantidades adecuadas en tiendas a granel... El reto no resulta tan descabellado. De hecho, tras una semana sin usar plástico, pienso que es más fácil de lo que parece y me quedaré con este modo de consumo. Creo, por último, que, en vez de darnos baños de ego en redes sociales sería mucho mejor que fuéramos protagonistas de nuestras acciones en relación al bienestar de este planeta. Suena muy hippie moralista pero creo que, en este punto, tenían algo de razón.

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