Una campaña en la que todas las provincias son clave

H.

La atomización del voto desbarata la fórmula tradicional de selección de objetivos y obliga a PP y PSOE a no dejar circunscripción sin pisar

PAULA DE LAS HERAS / COLPISA

Diseñar una campaña electoral ya no es lo que era. Lo saben bien en los cuarteles generales del PP y el PSOE. La aparición de nuevos partidos de ámbito nacional ya complicó las cosas a los estrategas de los, hasta 2015, dos grandes partidos, pero la irrupción de Vox como quinto rival a tener en cuenta ha terminado de echar por tierra el sistema que, durante décadas, les sirvió para localizar cuáles eran las provincias clave en las que debían centrar sus esfuerzos y en cuáles no merecía la pena desgastarse. “Antes nos quedábamos con doce y descartábamos cuarenta, ahora -apunta un socialista con experiencia en la materia- ocurre casi al contrario”.

La clave de este nuevo escenario se encuentra en la ley electoral, paradójicamente diseñada en los primeros años de la Transición por el franquismo moderado para evitar una fragmentación excesiva que dificultara la gobernabilidad, como había ocurrido durante la Segunda República, y para primar el voto rural, más conservador. Durante tres décadas, la fórmula -que penaliza a los partidos pequeños que concurren en toda el territorio nacional- favoreció la existencia de un bipartidismo imperfecto. Pero en el momento en el que los electores empezaron a castigar a populares y socialistas y a depositar su confianza en Podemos y Ciudadanos en proporciones nada despreciables, la cosa cambió.

Son 28 provincias que eligen 101 diputados, un 28% del total

“Hace unos años, hasta las elecciones de 2011, nos limitábamos a hacer un análisis de sensibilidad, un cálculo de cuál podía ser la variación media del voto en toda España -explica un veterano del PP-. Sólo con eso ya nos podíamos hacer una idea de en qué provincias sería imposible un reparto de escaños distinto. Eso se acabó”. La principal novedad se produce en las circunscripciones pequeñas, las que reparten menos de cinco escaños y las que tienen menor población (son 28 provincias que eligen 101 diputados, un 28% del total). En ellas, populares y socialistas eran los amos. Lo fueron incluso en 2015 y 2016. Ahora la pugna sigue siendo fundamentalmente entre ellos, pero ya no están tan fuertes y sus contrincantes se mueven en unos porcentajes de voto, según las encuestas, en los que podrían arañar algún asiento y, sobre todo, en los que hacen difícil adelantar quién se llevará el gato al agua.

Tanto Pedro Sánchez como el líder de los populares llevan quince días recorriendo la España vacía

La ley d’Hondt, la utilizada para asignar escaños, divide el número de votos que ha recibido cada partido en una provincia entre el número de plazas en liza (el total de cada uno de ellos entre 1, entre 2, entre 3...) y va atribuyendo diputados a las cifras más altas. En una provincia de tres escaños, por ejemplo, el primer escaño se lo lleva la primera fuerza, el segundo se lo llevará la segunda fuerza sólo si sus resultados superan a los de la primera dividida por dos, y con el tercero ocurre lo mismo. Un caso práctico, en 2016, en Palencia, el PP se llevó el primer y el tercer escaño y el PSOE el segundo. Podemos casi llegó a un 15% de voto y Ciudadanos a un 12,3% pero los dos se fueron de vacío.

MIEDO A LA DISPERSIÓN

Ese resultado se explica porque la distancia del PP, que alcanzó el 45,6% de los votos, sobre el tercer partido era muy grande. El PSOE obtuvo el 24,6%. Pero al entrar Vox en liza, la ventaja de los populares, previsiblemente, se diluirá. De ahí que Pablo Casado llegara a pedir este miércoles a Albert Rivera y Santiago Abascal que consideren retirar sus candidaturas en las circunscripciones pequeñas para concentrar el voto de la derecha y rentabilizarlo en escaños, agitando el miedo a un nuevo Gobierno de Sánchez con Podemos y los independentistas.

Su petición no fue atendida por Ciudadanos ni por Vox, entre otras cosas, porque ambas formaciones aspiran a sustituir al PP. Pero Casado no cejará en su llamada al voto útil. El PSOE, mientras, ve cómo el nuevo escenario le abre la posibilidad de lograr más diputados en territorios en los que hace solo unos años se tenía que dar un canto en los dientes con uno y se ha embarcado también en una campaña frenética.

Los quince días de campaña ya no bastan para atender todos los territorios determinantes, así que tanto Pedro Sánchez como el líder de los populares llevan quince días recorriendo la España vacía a un ritmo superior al acto diario y así piensan seguir hasta las elecciones. El jefe del Ejecutivo ha buscado incluso la manera de que no le puedan acusar de desatender sus obligaciones institucionales y organiza actos de Gobierno en una ciudad por la mañana y de partido, en otra cercana o en la misma, por la tarde. “Establecer prioridades es muy difícil y, además, hay tal volatilidad que pueden ir cambiando según pasen los días -insisten en la dirección socialista-. La verdad es que vamos más a ciegas que nunca”.

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