Un año decisivo

H.

El auténtico problema que Pedro Sánchez tiene encima de la mesa son las pensiones porque el sistema se encuentra en quiebra desde hace años

PABLO MARTÍN DE SANTA OLALLA

Diario de Navarra

Comenzamos un nuevo año que, desde el punto de vista electoral, va a ser decisivo para configurar una nueva realidad política. Porque, aunque el presidente del Gobierno (que es quien tiene la potestad de convocar elecciones) no piense convocar comicios generales ni para marzo ni para mayo (en el que sí están convocadas ya elecciones europeas y también para elegir la mayor parte de los parlamentos autonómicos), parece muy difícil que pueda agotar la legislatura en curso. Y no porque no disponga de presupuestos (no tiene más que continuar con los actuales o activar los aprobados por el anterior gobierno), sino porque se le va a echar encima un tema cada vez más decisivo: el pago de las pensiones.

En efecto, por mucho que se hable de que los restos de Franco salgan del Valle de los Caídos, de los problemas con los independentistas catalanes o de la parálisis política del país (que en realidad viene desde el inicio mismo de la legislatura, en el verano de 2016), el auténtico problema que Pedro Sánchez tiene encima de la mesa son las pensiones. Porque no solo el sistema se encuentra en quiebra desde hace años, sino porque además la célebre “hucha de la pensiones” está prácticamente agotada (en este momento solo podría financiar la mitad de la paga “extra” de verano) y porque además los pensionistas se encuentran en pie de guerra desde hace meses, manifestándose todos los miércoles frente al Congreso de los Diputados aprovechando que es día de control parlamentario al Ejecutivo. Y no hablamos de una cuestión menor, ya que los pensionistas alcanzarán este año la cifra de 10 millones de personas sobre un total de poco más de 35 millones de votantes, con lo que estamos hablando de alrededor del 30% del censo electoral.

En un año en que está por ver si el líder del Partido Popular es capaz de consolidar su liderazgo y si Ciudadanos definitivamente ‘sorpassa’ al PP como principal fuerza del centroderecha, la realidad es que el cuadro macro que se le presenta a Pedro Sánchez es bastante bueno para sus intereses. El país previsiblemente crecerá en torno al 2,2%, claramente por encima de la media (nuestros vecinos italianos con mucha suerte llegarán al 1% y Alemania acaba de tener por primera vez en muchos años un trimestre de crecimiento negativo); la deuda nacional está contenida por debajo del 100% (98.3%, concretamente); ya hemos salido del procedimiento de déficit excesivo; el sector financiero está completamente saneado; y el desempleo seguramente se situará ya en el 14%, doce puntos por debajo de los peores años de la crisis.

A todo ello hay que añadir el cada vez más evidente hundimiento del principal rival por la izquierda, Podemos, donde ya las confluencias se desmarcan abiertamente de los líderes del partido principal. Teniendo en cuenta lo que llegó a bajar el apoyo electoral al PSOE en las dos últimas elecciones generales (las de diciembre de 2015 y las de junio de 2016), tiene que haber una auténtica debacle para que Sánchez no sólo no mejore respecto a convocatorias electorales, sino para que además no se convierta en el partido más votado, ya que el voto del centroderecha va a aparecer inevitablemente fragmentado, mientras en la izquierda va a haber el efecto contrario: es decir, una concentración en torno a la socialdemocracia que representa el PSOE de Sánchez. Para que esto se materialice en unas elecciones que previsiblemente se convocarán para el otoño de este año, al presidente del Gobierno le basta con no cometer errores (como tener gestos hacia el independentismo que de nada sirven) y con realizar algún guiño hacia la izquierda, como por ejemplo subir los impuestos a las rentas más altas en contraposición a unas rentas más bajas que se quedarían como están.

Lo que sí que parece claro es que, sea cual sea el gobierno que salga de las urnas en los siguientes comicios generales, es que va a tener que afrontar numerosas reformas que han quedado aplazadas ‘sine die’ por el actual bloque político. Y es que este país no puede permitirse una nueva legislatura con permanente parálisis legislativa, porque entonces comenzaremos a tener ya no problemas coyunturales sino realmente estructurales que echarían por tierra el importante esfuerzo realizado por la población española en la última década.

Pablo Martín de Santa Olalla es profesor de la Universidad Europea

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