Tregua incierta en Gaza

H.

Israel no ha querido conflictos ni revueltas en las recientes celebraciones y menos durante el festival de Eurovisión, cuando el mundo observa al país

JAVIER AISA

Los ataques y represalias mutuas, a primeros de mayo, entre fuerzas palestinas en Gaza y el ejército israelí, forman parte de una estrategia de desgaste psicológico social, político y de seguridad del contrario. Hamas, apoyado por la Yihad, otro grupo activo, intenta mantener constantemente la tensión y reafirmar el liderazgo, la fuerza y voluntad de resistencia de las formaciones islamistas de la Franja. Consideran que, en la lucha con Israel, es imprescindible el recurso a la violencia y al temor que provocan entre los israelíes de la frontera sur.

Después de tres guerras entre 2008 y 2014, que devastaron Gaza pero no acabaron con la hegemonía de Hamas, aunque empobrecieron más a la población palestina, el duro enfrentamiento actual parece encaminado a un nuevo conflicto bélico a gran escala.

El gobierno israelí atribuye la autoría de los ataques a la Yihad palestina y a Hamás por no controlar sus acciones, pero Israel tampoco ha cesado su política de represalias selectiva, como el asesinato de Hamed Ahmad Al Jodari, encargado de las relaciones financieras con Irán.

A diferencia de Hamas, surgido más de un movimiento religioso del islam político, la Yihad Islámica en Palestina es más diverso: una suma entre el nacionalismo secular y el islamismo palestino. Empezó sus operaciones en los años 70, antes de la aparición política de Hamas, a finales de los 80. La Yihad procede de la misma versión en Egipto, no es tan relevante como Hamas y está más cercano a Irán, por cuestiones tácticas, a pesar de pertenecer al sunnismo.

Israel no admite ninguna fisura en su seguridad, ni las amenazas de los que no reconocen la existencia del Estado de Israel y ambicionan su desaparición. Cada cierto tiempo, golpean Gaza para impedir su reconstrucción, un gobierno estable y debilitar a las milicias que lanzan decenas de cohetes sobre el sur de Israel.

Las fechas de los choques armados tienen su intención: Hamas y Yihad mueven sus fichas en el aniversario de la Nakba (fecha esencial para la causa palestina y su derrota en 1948) y desean llamar la atención sobre las durísimas condiciones de vida en su territorio.

A regañadientes y con un gobierno que dio un golpe de Estado en 2013 contra los homónimos de Hamas, los Hermanos Musulmanes, en noviembre del año pasado Egipto promovió un alto el fuego. Entonces, el pacto incluía rebajar el bloqueo a Gaza, impuesto desde hace 10 años, y la posibilidad de que Catar - como en otras ocasiones - traspasara al gobierno de Hamás unos 15 millones de dólares para edificar nuevas infraestructuras y pagar los salarios a 40.000 funcionarios de su administración. A cambio, Hamas no provocaría incidentes en el norte de Gaza, escenario de las Marchas por la Tierra, a favor del retorno de las personas refugiadas de la guerra de 1948.

Israel nunca ha reconocido el contenido de estas conversaciones ni cualquier compromiso. El gobierno israelí, con el bloqueo y con las armas, prosigue su presión contra las autoridades de Gaza. Máxime cuando Netanyahu se dispone a configurar el nuevo ejecutivo, integrado por las formaciones políticas de la ultraderecha sionista y religiosa. En la agenda política de estos partidos figura la expulsión de los palestinos de sus territorios o, desde luego, que nunca puedan edificar un Estado.

En este asunto coinciden con la estrategia de Trump, a través de su consejero y yerno, Jared Kushner, de impedir cualquier tipo de Estado palestino. Los estadounidenses creen, en contrapartida, que un amplio desarrollo económico de los territorios ocupados, siempre subsidiario de la economía israelí, permitiría la paz.

El inicio de esta tregua, después de la visita a Egipto de Yahya Sinwar y Ziad Nakhla´a, responsables de Hamas y Yihad, conviene en estas fechas a los dos contendientes. Los movimientos palestinos ya han demostrado su capacidad operativa con el lanzamiento de cohetes; ganan tiempo para fortalecerse e intentan conseguir algunas reivindicaciones sobre la pesca, la entrega de los fondos cataríes y mejoras en el suministro de electricidad, combustible y agua a Gaza.

Israel, especialmente, no ha querido conflictos ni revueltas en las recientes celebraciones del Yom HaZikaron y Yom HaAtsmaout (Días del recuerdo a las víctimas y Día la independencia, fechas que refuerzan los símbolos del sionismo) y menos durante el festival de Eurovisión, cuando el mundo observa a Israel.

Luego, los pactos serán papel mojado y aumentarán los preparativos para una nueva guerra de usura. El gobierno israelí de Netanyahu, más ultraconservador, exhibirá su fuerza militar para cumplir su estrategia de seguridad armada, sin diálogo, y de mayor debilitamiento de las organizaciones palestinas. Hamas y la Yihad, como defensa u ofensiva, esperan las hostilidades para revalidar su firmeza contra Israel y reconvertirse en mártires y líderes frente a la indolencia de la Autoridad Nacional Palestina.

Javier Aisa Gómez de Segura, periodista especializado en actualidad internacional. Co-fundador de Espacio REDO