“Tenemos que salir a ganar la Copa de Europa del teatro”

H.

El actor catalán tomará las riendas de la Compañía Nacional de Teatro Clásico a partir de septiembre

IKER CORTÉS / COLPISA

No esconde sus nervios. “Estoy feliz, cagado y confiado”, resume Lluís Homar (1957, Barcelona). El actor tomará las riendas de la Compañía Nacional de Teatro Clásico a partir de septiembre. “Ha sido algo muy meditado. Me puse a ello en cuerpo y alma y al final este ha sido el desenlace”, explica ilusionado. Con más de 25 años de profesión a sus espaldas, el catalán relevará en el cargo a la salmantina Helena Pimenta y tomará el testigo en un momento “dulce y maravilloso” para la institución. “Vengo con el corazón en la mano, a arremangarme, a recoger el fruto de todo lo que se ha hecho y a ver cómo podemos ir más allá”, dice.

Lo hará porque este proyecto “encaja mucho” con su trayectoria personal y profesional. “Quería dirigir una compañía y esto supone ponerme al frente de un buque insignia que tiene la mejor herramienta que uno se puede imaginar, el teatro de la comedia”, relata. Pero es que, además, Homar siente que a sus 61 años es el momento de “contribuir, dar, ofrecer y compartir” la experiencia que el también director ha ido acumulando a lo largo de estas décadas en un terreno que, reconoce, no es exactamente el específico de la compañía. “Yo no conozco de lleno los autores y las obras del Siglo de Oro porque mi recorrido teatral ha ido de la mano de los clásicos universales, como Shakespeare y Molière, pero creo que puedo aportar cosas y poner mi granito de arena”, explica.

Vasto conocedor de la escena teatral europea, no oculta Homar cierta envidia cuando ve lo que representan compañías como la Royal Shakespeare o La Comédie en sus países de origen y se pregunta por qué la Compañía Nacional de Teatro Clásico no puede jugar en esa misma liga. “Tenemos que salir a ganar la Copa de Europa del teatro”, afirma con contundencia. “El crítico teatral Jan Kott decía que Shakespeare es nuestro contemporáneo. ¿Podemos decir nosotros que Lope de Vega o Calderón de la Barca son nuestros contemporáneos? Yo creo que sí y es el momento de dar un paso hacia delante”, sostiene. “Es como si no nos acabáramos de creer que nosotros también somos Europa pero el patrimonio que tenemos en nuestro teatro clásico es oro”. Nunca mejor dicho.

Y va más allá. “Cuando escuchamos a Shakespeare, nosotros entendemos cómo son los ingleses. Cuando vemos a Molière, entendemos cómo son los franceses. Pero no sé si cuando leemos a Calderón entendemos cómo somos los españoles”. A este respecto dice el intérprete que hay todavía “trabajo por hacer” para conseguir que aquellos textos del siglo XVII sigan vivos y conecten con el público actual. La receta, sin embargo, es complicada. “Es que sacralizamos un poco nuestros autores y no los vemos como seres de carne y hueso. Tenemos que ser irreverentes”, señala. “Hay que escudriñar dentro de esas partituras y entender las épocas para que esa luz que iluminó en ese momento, nos ilumine ahora. No podemos hacer una labor museística y no es fácil pero tenemos que seguir intentando que los textos se hagan claros y diáfanos para que sean reconocibles para el espectador, les conmueva y les haga vibrar”.

“Cuando escuchamos a Shakespeare, nosotros entendemos cómo son los ingleses. Cuando vemos a Molière, entendemos cómo son los franceses. Pero no sé si cuando leemos a Calderón entendemos cómo somos los españoles”

Homar, que alaba el trabajo de su predecesora en el cargo -”su labor ha sido fundamental. Veo a estos jóvenes, lo que han aprendido de la palabra y cómo la manejan, su actitud y tengo buenísimas sensaciones”, comenta-, asegura que llega a la compañía fundamentalmente como actor. “Estaré sobre el escenario y voy a dirigir pero siempre seré un actor que dirige”. Y niega que acuda a la compañía a hacer una carrera personal, “pues mi carrera, con sus luces y sus sombras, ya está hecha”, apunta.

Cabe preguntarse si, en una época en la que los movimientos nacionalistas parecen cada vez más enfrentados, estos textos clásicos realmente pueden ayudar a comprender mejor lo que nos une. “Quiero pensar que sí. La cultura y el teatro deben ser herramientas de encuentro, no de separación. Estamos en un momento de gran complejidad y creo que va a durar. Ahí más que nunca el teatro y los escenarios tenemos que hacer esta labor y ayudar a ablandar estas situaciones tan enquistadas”.

El actor, que siempre ha entendido el teatro como un servicio público con el que contribuir a mejorar la salud de sus conciudadanos, afirma que su intención es hacer teatro popular. “Yo quiero trabajar con la excelencia para el gran público. Este es mi mantra. Y el público va a sentir que vamos a cogerle de la mano y darle lo que ya ha tenido pero intentando ser un poco más exquisitos”, concluye.