Sánchez propone a Meritxell Batet para presidir el Congreso y a Manuel Cruz para el Senado

H.

El líder del PSOE se ha visto obligado a cambiar su propuesta para presidir la Cámara Alta después de que los independentistas bloquearan la opción del líder del PSC, Miguel Iceta

AGENCIAS

El presidente del Gobierno y líder del PSOE, Pedro Sánchez, ha elegido a dos catalanes para presidir el Congreso y el Senado. Se trata de la actual ministra de Política Territorial en funciones, Meritxell Batet, para la Cámara Baja y del senador del PSC Manuel Cruz, han anunciado fuentes de la dirección del partido. Sánchez reunió este mediodía, a partir de las 12.30 horas (una vez terminado el Consejo de Ministros), a la Ejecutiva Federal del PSOE para que aprobara formalmente estos nombramientos, junto al resto de los miembros que se presentarán para las Mesas del Congreso y del Senado, que se constituyen el próximo 21 de mayo.

Sánchez se ha visto obligado a cambiar su propuesta para presidir el Senado después de los que independentistas bloquearan la opción del líder del PSC, Miguel Iceta, que, al no concurrir en las listas a las generales, para presidir el Senado debía ser elegido senador por designación autonómica, a propuesta del Parlament. Aunque Iceta ha recurrido este veto ante el Tribunal Constitucional, que está pendiente de resolverlo, él mismo, en varias entrevistas con medios de comunicación, asumía que no podría presidir el Senado. La elección de un catalán para sustituirle aleja el escenario de presentar un presidente interino para la Cámara Alta a la espera de que se resuelva a su favor el recurso ante el TC, que no tiene previsto verlo antes de la constitución de las Cortes el próximo 21 de mayo.

Batet, la catalana del PSOE y la española del PSC

Seguro que tiene otros méritos políticos y valores profesionales, pero en este caso la cuna ha sido determinante. Meritxell Batet va a presidir el Congreso porque es de Barcelona y del PSC. Será la primera catalana al timón de la Cámara legislativa desde la restauración de la democracia.

No es del núcleo duro del presidente del Gobierno, pero goza de toda su confianza. Lo demostró cuando le asignó la cartera de Política Territorial y el trabajo callado de las relaciones con la Generalitat de Cataluña. Ahora sube un peldaño y como tercera autoridad del Estado deberá engrasar las relaciones colapsadas con los soberanistas. Hasta llegar aquí, hay una intensa trayectoria para sus 46 años. “Es una mujer hecha a sí misma”, en palabras de Sánchez. Estudió en la Universidad con becas mientras ponía copas nocturnas en el Nick Havanna y el Bikini -desde entonces se le han quitado “las ganas de salir de marcha”- para contribuir a la, según su descripción, “no muy boyante” economía familiar. Bailarina frustrada, pianista aficionada y amante de la ópera, esta hija única vivió a los 17 años un desahucio porque su madre, con empleos intermitentes, no podía pagar la hipoteca.

Acabó Derecho en la Pompeu Fabra, Universidad en la que se doctoró y es profesora de Derecho Constitucional. A finales de los noventa empezó a colaborar, sin militar, en el PSC de Narcís Serra. Y hasta hoy. Por el camino fue diputada por Barcelona entre 2004 y 2015 desde los puestos modestos de las listas. Hasta que hace cuatro años, para sorpresa general, fue la número dos por Madrid tras Sánchez. En las últimas volvió a Barcelona, pero ya como cabeza de cartel, un puesto que también ambicionaba un peso pesado como Josep Borrell.

Con el presidente del Gobierno ha tenido una relación especial desde el primer momento. A pesar de que se alineó con Eduardo Madina en las primarias que ganó Sánchez, el nuevo líder socialista la incorporó a su ejecutiva como secretaria de Estudios y Programas. Ahí comenzó a fraguarse la simbiosis entre las tesis del PSOE y las del PSC. Aporta la sensibilidad catalanista en la calle Ferraz y pone el acento federal entre los socialistas catalanes. Como suele ocurrir en estos casos es la catalana del PSOE y la española del PSC. Se la ve más por el barrio Malasaña de Madrid que por el barcelonés de Gracia.

No siempre fue así. Un año antes de entrar en la dirección del PSOE, votó junto al resto de diputados del PSC en el Congreso, salvo Carme Chacón, a favor de un referéndum pactado y del derecho a decidir. Un planteamiento que hoy no tiene cabida en su discurso cien por cien constitucionalista con ingredientes catalanistas y aroma plurinacional.

Manuel Cruz, filósofo, federalista e independiente

Meritxell Batet fichó a Manuel Cruz para que fuera el número dos de su candidatura para el Congreso en 2016 y ahora, casualidades del destino, ambos presidirán las dos cámaras del Parlamento español. Cruz era por entonces catedrático de Filosofía Contemporánea de la Universidad de Barcelona y presidente de Federalistes d’Esquerres, una entidad creada en 2012, que surgió para combatir el proceso secesionista desde una posición progresista y partidaria de una reforma federal de la Constitución.

Nacido en Barcelona en 1951, coge el testigo de Miquel Iceta (tras el veto de los secesionistas) como candidato a presidir el Senado, aunque no lleva ni tres años en política. Ha integrado dos veces las listas del PSC, en 2016 para el Congreso y en 2019 para el Senado, y en ambas figuró como independiente.

Si Pedro Sánchez pensó en Iceta para presidir el Senado y convertirla en una auténtica cámara de representación territorial, Cruz comparte con el primer secretario del PSC la visión sobre el modelo de Estado. “Hay que cerrar el modelo autonómico con una amplia reforma del Título VIII, federalizando el Estado pero sin abrir un innecesario e incontrolable proceso constituyente”, según ha dejado escrito en sus artículos en El Confidencial y El País.

Cruz es autor de una amplia obra académica y literaria. En 2017, recibió el XVII Premio de Ensayo Miguel de Unamuno. En uno de sus ensayos, ‘Travesía de la nada’, reflexiona de forma muy crítica sobre las “falacias” del discurso independentista. Sobre el referéndum, concluye: “Lo que unos plantean como una elección (entre ser catalán o español), es una renuncia, un empobrecimiento y lo que es peor, una mutilación”.

También se permite filosofar sobre las identidades, con la comida como base para la reflexión. “Los catalanes somos más españoles que la tortilla de patata, de la misma manera que los españoles son más catalanes que el ‘pantumaca’”.

A su juicio, el proceso secesionista ha fracturado la sociedad catalana y la “crisis constitucional” catalana es “profunda, seria y hasta dramática”. En un reciente artículo, señaló que ha llegado el momento de que Felipe VI sea el “motor de la reforma” de la Constitución, “actualizando la Corona como el vértice de una monarquía federal”. Cruz fue uno de los diputados que se mantuvo fiel a Sánchez en el ‘no es no’ a la investidura de Rajoy, y sea por el poco tiempo que lleva dedicado al parlamentarismo o por su personalidad académica acredita unas formas alejadas del histrionismo tan en boga. Es de los que prefiere convencer sin levantar la voz. Será el segundo presidente catalán de la historia del Senado, tras Laureano Figuerola (1872-1873).