‘Josu Ternera’: fugas, una llamada de Kenia y el ‘running’ nocturno

H.

Un repaso a esos momentos en los que la historia de José Antonio Urrutikoetxea se relata a través de los episodios en los que estuvo en paradero desconocido

OSCAR B. DE OTÁLORA / COLPISA

Los agentes que han conseguido esposar a ‘Josu Ternera’ habrán suspirado aliviados esta madrugada. El arresto de este histórico terrorista se había convertido en un mito de la lucha contra la banda ante su demostrada capacidad para escapar sin dejar rastro y desaparecer en el último minuto, en muchas ocasiones, cuando estaba cercado por las fuerzas de seguridad y ya podía escuchar las sirenas de la Policía. Mientras fue un máximo jefe de ETA, la adaptación de José Antonio Urrutikoetxea a las estrictas normas de la vida clandestina le permitió evitar redadas en las que fueron detenidos sus compañeros en la cúpula. Gracias a esta habilidad consiguió sobrevivir durante décadas -su primer procesamiento tuvo lugar en los años 70 del siglo pasado- hasta convertirse en el último referente histórico de la banda que no se encontraba en prisión o en libertad tras haber cumplido largas penas. Pero en las fugas de un personaje tan sinuoso, en especial en los últimos años, cuando la propia ETA le apartó de las negociaciones con el Gobierno socialista, han intervenido otros factores más oscuros. Estos son algunos de los momentos en los que la historia de este verano se relata a través de sus fugas.

La llamada africana

La fuga más extraña de ‘Josu Ternera’ se produjo en 2016, cuando una persona de su entorno recibió una llamada telefónica en la que se le avisaba de que había sido detectado por las fuerzas de seguridad y debía escapar. En ese momento la banda ya había anunciado en fin de la violencia pero todavía tenía pendiente una de las etapas más delicadas antes de su desaparición: la entrega de las armas que aún conservaba. La llamada era conocida puesto que se divulgó en 2017 durante un juicio en París. Sin embargo, este periódico ha podido saber que ese aviso se realizó desde un teléfono ubicado en Kenia -bien porque fuera una comunicación realizada desde el país africano o por algún tipo de desvío tecnológico-. Este hecho permitía al autor del chivatazo estar fuera de los sofisticados sistemas europeos para rastrear comunicaciones, un dato que alimenta la leyenda sobre una hipotética colaboración entre el terrorista y algún servicio secreto, algo que nunca se ha podido demostrar.

La conversación con el chivato no dejaba lugar a dudas. Una persona que hablaba en español y decía llamarse Carlos Alberto relató por teléfono: “Tengo malas noticias para ti (.) Eh, te digo esto porque se le ha dicho del lugar habitual que están. Están detrás de vosotros (.) Además creo que estáis pillados, localizados. Me ha hablado de algo, de un local y. Y bueno un comentario más pero ya hablaremos. Entonces, eh. Veamos. Con el fin de no mezclar las cosas y que nadie encuentre cosas que no. Cuando terminemos la conversación haces (.) Eh, coges tu teléfono y el chip, el que utilizas para hablar conmigo y los tiras, ¡ahora!”. La persona que escuchó este mensaje fue Philip Lasalle , ‘Tintín’, un exetarra que había trabajado para ETA como proveedor de armas en el mercado negro y con contactos en el hampa. Además, este veterano había sido en los 90 uno de los hombres de confianza de la cúpula de la banda a la que pertenecía ‘Ternera’. La obsesión de Urrutikoetxea por la seguridad le llevó a encargar a Lasalle que fuera el chófer no solo de los jefes etarras sino también de su compañera en ese momento, Mari Carmen Laskibar. En 2016 había vuelto a reclarmar su ayuda.

Baliza en el coche

‘Ternera’ desapareció tras la llamada teléfónica. La desazón de la Guardia Civil y los agentes galos fue máxima, ya que daban por hecho que iban a arrestarle. La propia compañera del etarra, Anges Cèrlo, denunciaría en 2017 que había encontrado una baliza de seguimiento en su vehículo particular, lo que indicaba que la búsqueda seguía activa.

En este sentido, las circunstancias de dos de las parejas de ‘Ternera’ permiten conocer como se movía el etarra. Laskibar contaba con la protección del chófer de la jefatura etarra y a Cérlo le instruyó en los secretos de las clandestinidad: para reunirse con Urrutikoetxea esta mujer se desplazaba en autostop y sin teléfono móvil para evitar la geolocalización.

Una carrera antes del amanecer

Otra de las fugas más recientes de ‘Ternera’ tuvo lugar el 16 de abril de 2013, cuando agentes galos, en colaboración con investigadores de la Policía Nacional española, localizaron una vivienda de la localidad de Durban Sur-Azire, en el sur de Francia, en la que se ocultaba el dirigente etarra. En esta ocasión no se produjo ningún chivatazo sino que fue la destreza de Urrutikoetxea la que le permitió eludir a las fuerzas de seguridad.

Según han revelado a este periódico fuentes de la investigación, ‘Ternera’ salía todas las mañanas a correr antes de que el sol hubiera aparecido. La hora no era casual. El terrorista era plenamente consciente de que la legislación francesa impide realizar detenciones en domicilios por la noche, por lo que la hora de riesgo para él comenzaba después del amanecer. Sus carreras no eran solo por salud. El etarra aprovechaba el ‘running’ para inspeccionar las inmediaciones de la vivienda en busca de signos de una posible redada. Aquel día los encontró. Nunca regresó a la vivienda y cuando los agentes asaltaron en inmueble encontraron a su compañera, Agnes Cérlo.

Los investigadores dieron por hecho que ‘Ternera’ disponía de alguna infraestructura cercana en la que contaba con medios para asegurarse la fuga en una situación tan desesperada. Sin embargo, nunca se localizó ese refugio.

A tiros y campo a través

La primera fuga de riesgo de ‘Josu Ternera’ tuvo lugar el 30 de septiembre de 1987, en el pueblo francés de Saint Pée sur Nivelle. Las fuerzas de seguridad galas rodearon el chalé en el que se ocultaba la cúpula de ETA y se disponían a asaltar la vivienda cuando Urrutikoetxea salió por la puerta con la pistola en la mano y comenzó a realizar disparos al aire, sin dejar de correr hacia un bosque cercano. Al parecer, el terrorista había escuchado los ladridos de los perros policías y ante la certeza de que se trataba de una redada decidió ponerse a salvo. Para ello no dudo en emplear un arma, algo que en ese momento tenían prohibido los terroristas en Francia por el temor a que un incidente armado con heridos provocase una escalada de la presión de las fuerzas de seguridad galas hacia ETA.

Mientras ‘Ternera’ escapaba monte a través, su compañero en la dirección etarra, Iñaki Pikabea, intentó darse a la fuga en un automóvil. En la confusión que crearon los disparos de Urrutikoetxea, un policía francés abrió fuego contra el vehículo de Pikabea, quien detuvo el coche al ser alcanzado en una pierna y pudo ser arrestado.

‘Ternera’ no sería detenido hasta dos años después, cuando los agentes galos le abordaron cuando abandonaba una vivienda en la que se acababa de reunir con el entonces eurodiputado de Herri Batasuna, Txema Montero. En esa ocasión, el terrorista conducía una moto e iba acompañado de Agnes Cérlo. De nuevo, demostró que para él los límites no existían y disparó contra los agentes. Consiguieron reducirle antes de que nadie resultara herido.