“Nunca decidí ser tenista, la vida me llevó a serlo”

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La pamplonesa Cristina Torrens llegó a ser la 27ª en el raking mundial, pero sólo dos años después se retiró. Tras quitarse la espinita de hacer todo lo que no pudo mientras era profesional, en 2007 comenzó a trabajar como directora en el Pablo Semprún Sport Center de pádel

MARTA MARTÍN / DIARIO DE NAVARRA

En ningún momento decidió ser tenista profesional, pero resultó ser la mejor en la historia de Navarra. En 2002 la pamplonesa Cristina Torrens llegó a ser la 27ª del mundo, una posición que actualmente ocupan el francés Gilles Simon en categoría masculina y la china Su-Wei Hsieh en femenina, por delante de Stan Wawrinka (37) y de Maria Sharapova (30), entre otros.

Su nombre puede no sonar tan llamativo como el de ellos, pero Torrens llegó a su nivel, aunque, sólo dos años después de alcanzar aquella posición en el ranking mundial, decidió retirarse. Entonces volvió a Pamplona -su carrera la desarrolló en Valencia-, se tomó un año sabático para recuperar todo aquello a lo que había renunciado y encontró en el pádel una gran afición. Aunque no se tomara este deporte como profesional, consiguió 34 títulos navarros. Precisamente de él vive actualmente ya que desde 2007 trabaja como directora del Pablo Semprún Sport Center, en Huarte.

¿Pesa mucho su trayectoria?

No tiene nada que ver cómo la veo ahora a cómo la veía nada más retirarme. Estoy muy orgullosa de esos años y creo que he sido una privilegiada de poder vivir aquello. No lo elegí, porque la vida me fue llevando hacia eso, pero la oportunidad que tuve la aproveché.

¿En qué ha cambiado su forma de verlo?

Cuando me retiré me pesaba un poco lo que había dejado de vivir por haberme dedicado al tenis, pero ahora pienso que ojalá pudiera vivir más una parte de eso: volver a conocer gente diferente, viajar tanto, vivir en el mundo del deporte... Ahora echo de menos muchas cosas.

“Si yo no hubiera salido de Pamplona, nunca habría sido tenista profesional”

¿Por qué dice que no eligió este camino?

Porque en ningún momento yo decidí que quería ser tenista profesional. A los 14 años me ofrecieron una beca para irme a un centro de alto rendimiento a Valencia, y esto fue clave. Si yo no hubiera salido de Pamplona, nunca habría sido tenista profesional. En ese momento Pamplona no tenía los medios para viajar o entrenar a ese nivel. A los 18 años salté a ser profesional y fui teniendo oportunidades de ir mejorando, pero en ningún momento fue que yo de pequeña quisiera ser tenista profesional, sino que las oportunidades que me dio la vida me fueron llevando a eso y yo las fui aprovechando.

En 2004, ¿por qué tomó la decisión de dejar el tenis?

A los 30 años me veía muy mayor. Desde los 14 años yo me dedicaba a trabajar un montón de horas al día. Es una vida que te exige mucho esfuerzo y renunciar a muchas cosas, así que es algo que no puedes prolongar siempre. Los 30 años me pareció un buen momento para retirarme porque empecé a tener alguna lesión, estaba ya con la cabeza en otras cosas... No me arrepiento de haberlo hecho porque tampoco quería que el deporte me dejara a mí, sino tomar la decisión yo. Preferí que fuera así.

¿Le dio tiempo a hacerse a la idea?

Sí. Creo que habría sido diferente si no me hubiera ido bien en el tenis. Eso les pasó a algunas compañeras, que vi cómo se retiraban con sensación de frustración. Pero yo considero que, a mi manera, tuve éxito en lo que decidí hacer. Por suerte, me gané la vida en esos años, y creo que bien. Estoy satisfecha.

“La sensación de hacer bien un partido es algo que no se tiene en otro ámbito de la vida”

¿Pero sabía qué hacer después?

En el último año ya estaba yo pensando en que me iba a retirar, pero eso sí, cuando lo hice, no tenía ni idea de qué hacer. De hecho me cogí un año sabático para dedicarlo a muchas cosas que tenía pendientes: irme un mes de vacaciones en verano, pasar las Navidades en casa -algo que no había vivido desde hacía 15 años-, salir de fiesta sin que nadie me diga nada... Quitarme esas espinitas. Así que la retirada no fue un batacazo. De hecho, en el primer momento fue una liberación; luego, disfruté de mi año sabático; y después me salió lo de trabajar en el club. Ahora es otra etapa en mi vida.

¿Cómo le surgió lo del club?

Empecé a jugar, y un conocido mío tenía este puesto y se iba a ir a Australia, así que tuve la posibilidad de ocuparlo yo. Estoy contenta. Es un trabajo que me gusta y que está relacionado con el deporte, algo que tampoco era fácil encontrar.

¿Aplica sus conocimientos del tenis a su puesto?

No tiene nada que ver una cosa con la otra, pero lo que he aprendido con el deporte te sirve para todo. Por ejemplo, a ser una persona disciplinada y que no se rinde.

Dice que el pádel no tiene nada que ver con el tenis, pero está claro que le ha seguido gustando competir.

Sí, sí. Yo creo que eso es algo que se lleva dentro. La sensación de hacer bien un partido es algo que no se tiene en otro ámbito de la vida. Esta etapa me está gustando mucho porque tengo un trabajo que me gusta y con el que me da tiempo a hacer deporte y a dedicarme a mi hija.

¿Si el día de mañana ella le dice que quiere ser tenista?

No me importaría nada. No voy a ser yo la que le vaya a llevar a eso, pero sí que le voy a dar las armas para que ella juegue al tenis, al pádel o a otro deporte. Me gustaría que llegara a disfrutar de él como yo lo he hecho.