Mariano Jiménez, corneado en Santo Domingo

H.

El vecino de Cascante de 57 años lleva más de 40 años corriendo en Santo Domingo. El corredor tuvo que ser operado de urgencia por herida de asta en la cara antero lateral del muslo izquierdo

DIARIO DE NAVARRA

Sucedió nada más empezar el sexto encierro. La fuerza con la que los astados de la ganadería gaditana de Núñez del Cuvillo dejaron al instante el sello de su paso. Tal fue el ímpetu que el experimentado corredor y vecino de Cascante de 57 años, Mariano Jiménez Baigorri, no pudo hacer nada por apartarse de la trayectoria de los animales. El cúmulo de corredores del tramo de Santo Domingo, unido a los montones que se crean a ambos lados de la calle, fue suficiente para que Palmero tuviera la oportunidad de hacerse con el mozo.

Arrollado por el toro, quien lleva más de 40 años corriendo los encierros de San Fermín donde ya es más que conocido entre quienes se dan cita a diario, recibió una cornada en la cara antero lateral de muslo izquierdo. La herida, rezaba el parte médico, con afectación muscular del vasto externo, pero, por fortuna, sin compromiso vásculo-nervioso. El paciente quedó estable.

Tras el impacto, fue rápidamente atendido por los servicios de emergencia de Cruz Roja, así como por varios corredores que se encontraban en las inmediaciones. Fue el primer paciente en llegar al servicio de urgencias del Complejo Hospitalario de Navarra. Hasta este mismo edificio llegaron rápidamente amigos y familiares del corredor; entre los que se encontraba su hijo y quien, pasado el susto de los primeros instantes, fue dando pinceladas de lo que había sucedido.

“He podido hablar con él y está bien. Además, la cornada parece que ha sido menos grave de lo que parecía en un primer momento, así que mejor para todos”, relataba en la sala de espera, todavía con el periódico en la mano. Señal inequívoca de haber corrido el encierro también. “Venimos un grupo de 6 personas de Cascante. Nos levantamos a las 5 y vamos y venimos todos los días”, explicaban los allegados.

Mariano, que fue operado de urgencia y quedó ingresado en el hospital Virgen del Camino es conocido en el mundo del toro por ser habitual en los encierros de El Pilón de Falces, Tudela o Tafalla. “Seguirá corriendo, no dudes”, bromeaba el hijo, ya más tranquilo.

Corneado hace cinco años en el mismo punto de Santo Domingo

La experiencia de este viernes no fue novedad en la vida de Mariano Jiménez Baigorri. Inauguró el parte de heridos del encierro de 2014, con una cogida del torrestrella Frutero, que no revistió gravedad. Evitó la intervención quirúrgica. Precisó dos puntos para cerrar la herida. “Al segundo” -como relató en el Complejo Hospitalario de Navarra, donde fue trasladado- sintió “un escozor terrible” y supo que había sido corneado.

Coincidencias del destino, que en el caso de habituales de la carrera se concreta en repetir tramo, fue sorprendido este viernes por Palmero en el mismo lugar donde hace cinco años le embistió Frutero.

Entonces, en el primer encierro recibió a la manada con la foto de su hijo estampada en la camiseta que lucía.

Como reconoció no había sido la primera vez que era trasladado al hospital por un percance similar con las astas. Años atrás precisó de atención sanitaria tras pasarle la manada por encima.

Los sustos no minaron, sin embargo, su voluntad de regresar a Santo Domingo para recibir a la manada, rodeado de otros incondicionales. “Me encanta el encierro”, destacó. “Con un grupo de Cascante vamos allá donde estén las vacas. El año que viene repetiré (por 2015). Lo tengo claro”. Cumplió su promesa.

“Tras 40 años, me retiro de los encierros”

La habitación de Mariano Jiménez Baigorri fue un auténtico desfile. Desde la una del mediodía, hora a la que salió del quirófano, tanto familiares como amigos se acercaron a preguntarle por su estado. A su vez, el teléfono no paraba de sonar. Decenas de mensajes llegaban a su móvil mientras el vecino de Cascante se recuperaba de su operación de pierna, como consecuencia de la cornada recibida en Santo Domingo.

Jiménez todavía desconoce cuáles van a ser las secuelas, o tan siquiera el número de puntos que ha recibido. A su vez, los médicos todavía no han decidido cuánto tiempo deberá permanecer ingresado, pero calculan que rondará los cinco días.

Tras meditarlo mucho, Jiménez ha decido que se va a retirar de los encierros. Sin embargo, el motivo que le ha llevado a abandonar este mundo no han sido las dos cornadas que ha recibido en los últimos cinco años. “Ya tengo 57 años, y uno no está para seguir haciendo estas cosas”, explicó Jiménez.

¿Cómo se encuentra?

Bastante bien. No tengo dolores y parece ser que la herida es menos de lo creíamos. Los médicos me han dicho que tendré que permanecer un par de días ingresado, pero por tema de higiene, no por gravedad.

¿Cómo ha sido la cornada?

Iba corriendo, me he ido a apartar y hoy (por este viernes) los toros iban muy pegados al muro. Justo había un grupo de chicos donde me he movido y he tenido que echarme encima de ellos, con tan mala suerte que la pierna se ha quedado fuera. Ha aparecido un toro, ha metido la cabeza y la ha corneado.

¿De dónde le viene esa afición taurina?

Cuando era joven me juntaba con mis amigos y ellos recortaban las vacas, mientras que a mí me atraía más la idea de correr el encierro. Desde entonces empezamos a ir a las fiestas de los pueblos y llevó ya 40 años corriendo.

Hace cinco años sufriste otra cornada, ¿cómo es que volviste a los encierros tras ello?

Por aquel entonces pensé que había sido un accidente aislado y no le di importancia, sin embargo ahora lo he pensado mejor y he decidido que voy a retirarme. Aunque no es por la cornada, sino porque con la edad que tengo no estoy para seguir en este mundo.

¿Qué diferencia hay entre los encierros de hace 40 años y los de ahora?

Antes los disfrutaba mucho más. Hoy en día los mansos están demasiado educados y van muy pegados a los toros. Y aunque eso le quita peligro al encierro, también le quita emoción.

¿Qué siente cuando corre delante de un toro?

Es cómo a quien le gusta la montaña y encuentra un paraíso escalándola. No es algo que pueda explicarse.

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