Los caprichos del destino

H.

MANU ZAPATA

El veinteañero, hijo de inmigrantes coreanos aunque nacido en Estados Unidos, observa desde un pasillo en las alturas a la marea humana que cruza Grand Central Station e inventa historias para cada uno de los transeúntes. Una chica de tupidos rizos morenos, apelmazados en torno a sus orejas por la presión de los cascos por los que escucha música, mira fijamente al techo de la estación. Su ensimismamiento tiene que ver con lo que allí se representa: la bóveda celeste con el sol y todas sus constelaciones. Esa Dama de Elche negra que busca respuestas en las estrellas atrapa completamente su atención y siente la irresistible necesidad de conocerla.

Esta película narra el encuentro de Daniel y Natasha en circunstancias excepcionales. Él, un romántico incurable que escribe poesía y no tiene nada claro su futuro en la facultad de medicina; ella, una joven que no pasa por su mejor momento y que no cree en el amor; el contexto, que al día siguiente Natasha va a ser deportada junto a su familia a su país de origen, Jamaica, tras 9 años viviendo en Nueva York.

Las premisas hacen intuir tópicos, en ese sentido el producto no engaña; lo previsible en un filme de corte romántico basado en una novela de éxito entre el público juvenil. Lo que nos convence a la hora de acercarnos a la historia son sus referentes, aunque se trate de préstamos que el material literario toma del cine para devolverlos a la gran pantalla a través de la adaptación. Tenemos un hito del melodrama romántico de los 90, Matrimonio de conveniencia, pasado por el tamiz de ‘Antes de amanecer’. 24 horas en las que comprimir una vida entera marcadas por la predestinación que lleva a dos personas a conocerse. El caprichoso azar al que cantaba Serrat.

Sus hechuras le confieren carácter. El cuidado técnico a la hora de fotografiarlo y editarlo lo emparentan directamente con el séptimo arte cuando podría haberse quedado en un mero remedo de telefilme. Introduce secuencias de montaje que ilustran temas que se salen de lo meramente sentimental, como el gusto por la astronomía de la protagonista o una maravillosa disertación acerca de cómo los aspectos culturales de un país (Estados Unidos, Corea del Sur), como el hecho de indicar primero el nombre (anteponer el individuo) o el apellido (el colectivo, la familia) al escribir la filiación de cada cual, afecta al carácter y la forma de ser de la gente. Y trastea con los relojes, omnipresentes en toda la narración, indicando la finitud del tiempo, como en un buen thriller al estilo de ‘A la hora señalada’.

Un par de momentos (principalmente uno en un karaoke) terminan por convencernos de que la cinta nos ha devuelto, para nuestra asombro, más de lo que esperábamos en un principio. Los aficionados al género disfrutarán y los no tan entusiastas encontrarán lugar a la sorpresa en un relato que habla sobre el destino, juguetón, que primero nos une y luego nos reúne.

El sol también es una estrella

Dirección: Ry Russo-Young

Guion: Tracy Oliver, basado en la novela homónima de Nicola Yoon

Intérpretes: Yara Shahidi, Charles Melton, John Leguizamo

Música: Herdis Steffánsdóttir

Fotografía: Autum Durald

Montaje: Joe Landauer

Duración: 100 min.

País: Estados Unidos, 2019

TE RECOMENDAMOS
  • 1