La hora de hacer justicia

H.

Comenzó el juicio del procés y las defensas de los acusados han puesto en marcha la estrategia de negar la naturaleza
democrática del Estado de Derecho

EDITORIAL

El Tribunal Supremo dio inicio este martes al juicio de mayor alcance celebrado en España porque en él se sientan en el banquillo responsables del Estado autonómico acusados de valerse de su poder para desgajar Cataluña del resto del territorio nacional, por lo que habrían incurrido en los presuntos delitos de rebelión o sedición y malversación. La sesión demostró que la defensa de los encausados va orientada a cuestionar el carácter garantista y democrático del juicio. El letrado de Oriol Junqueras y Raül Romeva llegó a señalar que se habían “restringido” todos los derechos fundamentales que contempla la Constitución.

Parece evidente que tales alegaciones no iban dirigidas tanto a los siete miembros de la Sala como a los integrantes del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, instancia a la que los procesados tendrían el propósito de acceder en caso de ser condenados por el Supremo y desestimados sus recursos por parte del Constitucional. Pero, aun formando parte de los derechos de los acusados adoptar la estrategia de defensa que estimen, han de tener en cuenta que todo reproche hacia el procedimiento seguido que comporte un juicio de intenciones contra la actuación del Supremo se excedería de lo legítimo.

Tampoco ayuda al proceso las continuas acusaciones realizadas por políticos catalanes, como el presidente de la Generalitat, Quim Torra, para quien el juicio es un “ataque a la democracia, a los derechos humanos y una vergüenza indigna en la Europa del siglo XXI, una venganza contra un pueblo que defendió las urnas contra las porras”. Se equivoca Torra y quienes le secundan si pretenden enviar a Estrasburgo el mensaje de que España es un Estado antidemocrático, que se dedica a perseguir ideas políticas. Nadie se lo cree. Menos aún cuando desde el propio ámbito del independentismo se exige al Gobierno de turno que intervenga para la absolución de los doce encausados, saltándose por completo una regla básica, como la separación de los poderes del Estado.

Los jueces del Supremo van a cumplir con su tarea y van a juzgar hechos que las acusaciones consideran muy graves. Es la hora de la justicia.