La burbuja del ocio en el ‘streaming’

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Las grandes producciones de éxito se encuentran repartidas entre distintos propietarios en un mercado cada vez más competitivo y sobre todo, saturado

ISAAC ASENGO / COLPISA

La experiencia interactiva de Black Mirror o la Colombia de los ‘hijueputas’ de Narcos está en Netflix. El horror que vive Nicole Kidman en ‘Big little lies’ o la superproducción Westworld se sitúan en HBO. El ‘Instinto’ más salvaje de Mario Casas o el éxito de Berto Romero con ‘Mira lo que has hecho’, en Movistar +. La premiada maravillosa Señora Maisel está en Amazon Prime Video. El gigante Disney hace nada que selló la compra de 21st Century Fox, la división de entretenimiento de Fox y que incluye marcas como Marvel, Pixar, Star Wars y Los Simpsons. Tampoco quiere quedarse sin su trozo de pastel Apple, que presentó a finales de marzo su nuevo producto (bajo demanda y también offline mediante la descarga) rodeado de grandes nombres de Hollywood.

A menor escala también están FlixOlé, Sky, Filmin, AXN Now... ¿Cuánta cantidad es demasiado? ¿Hay clientes, y sobre todo tiempo suficientes para todas? Las grandes producciones de éxito se encuentran repartidas entre distintos propietarios en un mercado cada vez más competitivo y sobre todo, saturado. La nueva mina de oro de la industria del entretenimiento está cansando a los consumidores. En EE UU, un estudio de Deloitte afirma que el 47% de los usuarios americanos están frustrados por el número creciente de suscripciones y servicios requeridos para ver lo que quieren. La revista Fortune ha calculado que si los estadounidenses decidieran suscribirse a todas las plataformas de vídeo en streaming disponibles, deberían gastarse 115 dólares al mes, diez veces más de lo que cuesta ser abonado a un único servicio. Además, según la American Consumer Satisfactory Index, las cadenas de abonados han registrado en 2018 la peor nota de satisfacción de los clientes de los últimos 11 años.

¿No podrían integrarse todas en un único conglomerado que permita agregar todas las se quieran con una única suscripción?

Las plataformas de ‘streaming’ y de suscripción proliferan en una tierra en la que hace algunos años costaba plantearse pagar por ver la televisión o escuchar música. Ya nos hemos acostumbrado a que nada sea nuestro y soltar pasta por acceder de forma eventural a una oferta de contenidos que no solo se trata de cine y series sino también de canciones, eventos deportivos, envíos de distribución online, videojuegos, ligoteo o productividad como Office y Adobe.

Hoy por hoy, uno de cada tres hogares españoles con acceso a Internet está suscrito, como mínimo, a una de las distintas plataformas de pago digitales que ofrecen sus servicios, según indica un informe de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). El tiempo dedicado por los españoles a ver contenidos audiovisuales se iguala poco a poco en cuanto al medio usado: los españoles dedicamos casi tres horas al día delante de una pantalla de televisión y dos horas y media delante de otros dispositivos (tabletas, móviles, ordenadores...).

¿Estamos ante una gran burbuja audiovisual a punto de estallar?

“Como usuarios lo estamos percibiendo así, y eso que en España aún no estamos al nivel de EE UU pero nos estamos yendo por ese camino con sus consecuencias. El reto para el mercado es importante y su aguante dependerá del dinero que puedan invertir estas compañías, la capacidad que tengan para escalar en el negocio globalmente y para sobrevevir con escasos márgenes”, analiza en una entrevista Elena Neira, profesora de estudios de Comunicación de la UOC (Universitat Oberta de Catalunya), y experta en nuevos modelos de distribución audiovisual. La autora de ‘La otra Pantalla’ marca como ejemplo ‘Youtube Premium’, al que ha llevado menos de un año darse cuenta de que su modelo de pago no iba a ser rentable en el actual ecosistema.

“La pelea por ofrecer un contenido original y exclusivo se está recrudeciendo y eso -a priori- favorece a las plataformas pioneras especialmente Netflix- que tienen mucho terreno ganado porque han dedicado mucho tiempo y recursos a ganar cuota de mercado y a trasladar la percepción al espectador medio de que cuentan con un catálogo muy amplio de ocio y entretenimiento. Es más difícil cada día que el espectador sepa de la existencia de una serie”, explica Neira.

“La ausencia de publicidad se ha convertido en uno de los elementos más valorados por los usuarios a la hora de contratar estos servicios”

Entre los factores de éxito para estos modelos de suscripción está el precio y el concepto ‘barra libre de contenido’ (pago y accedo a lo que quiero y cuando quiero); la accesibilidad o personalización de contenidos; o la posibilidad de compartir cuentas entre amigos o familiares. “La gran acogida que han tenido estos agentes entre los usuarios españoles es la consecuencia de una hábil combinación de modelo de negocio, una estrategia centrada en una óptima experiencia de usuario y la apuesta por el contenido original de calidad. En su mayoría, son modelos basados en el pago de una suscripción mensual, que da acceso a toda la oferta disponible en la plataforma. No se requiere ninguna transacción adicional, como ocurría con el alquiler/compra digital o el famoso pay per view (pago por visión), tan habitual en las ofertas de TV de pago y en los primeros años de andadura del vídeo bajo demanda en España”, explica Neira.

Cabe destacar que en estos servicios, el beneficio económico es proporcional al número de suscriptores. Se gana dinero con cada alta y se pierde cada vez que un usuario se da de baja del servicio. Por lo que estas plataformas se quedan un tanto al margen de la dictadura de la audiencia y del negocio publicitario. “La ausencia de publicidad se ha convertido en uno de los elementos más valorados por los usuarios a la hora de contratar estos servicios. En gran medida, el éxito de plataformas como Netflix o Amazon se debe a que, además de compañía de medios, son empresas tecnológicas que otorgan al usuario una flexibilidad y personalización nunca vista. Probablemente, la experiencia de usuario y la filosofía ‘user centric’ (centrada en el usuario) es lo que más ha contribuido a aumentar la brecha entre los nuevos agentes del audiovisual y el modelo televisivo tradicional. El contexto del consumo (qué, cómo, cuándo y dónde) lo decide el usuario”.

Fragmentación de audiencias

¿Beneficiará esto a los piratas tras navegar en los últimos años en la incertidumbre? A más programas y más plataformas de contenido, menor capacidad para concentrar el visionado. ¿Cómo afecta esto a la audiencia? “El escenario que nos encontramos en la actualidad no tiene nada que ver con su punto álgido, allá por la década de 2000. Sin duda, la mayor abundancia de contenido original y de plataformas que apuesten por la exclusividad repercutirá en el consumidor. No todos podrán costearse tantísimas tarifas planas (que sería el principal incentivo para piratear), aunque la evolución natural del negocio sea a la agregación de suscripciones (como lo que ha hecho Apple con Apple TV Channels). Pero también es cierto que en este ecosistema la fragmentación de audiencias será bestial y cada vez será más difícil para un programa destacar frente a los demás, generando la urgencia del pirateo si uno no está abonado a la plataforma en cuestión”, destaca la experta en el negocio del streaming.

Según el informe Global Internet Phenomena de Sandvine, la piratería ha comenzado a repuntar después de algunos años en decadencia. El crecimiento de la oferta legal hizo caer a la baja esta práctica, aunque el pirateo no implica que la gente deje de pagar. “Cada vez más plataformas están produciendo contenido exclusivo que sólo se encuentra disponible en su servicio de streaming, como Juego de Tronos en HBO, Jack Ryan en Amazon Prime Video y House of Cards en Netflix”, asegura en el blog de Sandvine Cam Cullen. “El acceso a todas estas plataformas resulta muy caro para los consumidores, que optan por pagar una o dos suscripciones y piratear el resto de contenidos”, añade.

En España se descargan 8.272 contenidos culturales de forma ilícita cada minuto. Aunque la cifra resulta escandalosa, la tendencia se sitúa a la baja en nuestro país

Y es que aunque suene contradictorio, un estudio realizado por MUSO, firma que lucha contra la piratería en Reino Unido, afirma que los internautas que más descargan de forma ilegal son los que más pagan por contenido a través de cauces legales. Las conclusiones, en línea con el anterior informe, son que el 34,9% de los usuarios recurre a esta práctica porque el contenido que buscan no está disponible, un 34,7% alega que tiene dificultades para acceder por otros cauces al contenido que ha pirateado y un 35,5% alega falta de dinero. Además, el estudio de MUSO determina que el 91% de las personas que piratean también pagan por un servicio de streaming como Amazon Prime, Spotify, Netflix o similares.

En España se descargan 8.272 contenidos culturales de forma ilícita cada minuto. Aunque la cifra resulta escandalosa, la tendencia se sitúa a la baja en nuestro país, según los últimos datos del Observatorio de la piratería y hábitos de consumo de contenidos digitales 2018. En tres años los índices de piratería han caído un 12% en territorio nacional. Los dos sectores en los que se ha registrado un descenso más acusado de la piratería en el último año han sido las series y las películas.

Cuestión de números

Calculadora en mano, ¿cuánto cuesta cada plan de suscripción disponible en el mercado? Tomando como referencia los precios de cada sector (música, cine y series, ofimática, deportes...) y dejando fuera a Movistar + puesto que éstos exigen contratar paquetes diferentes.