“Julia Domna no fue una feminista, pero sí luchó contra los límites de su tiempo”

H.

El experto en la antigua Roma y ganador del Premio Planeta 2018 por ‘Yo, Julia’ visita el Club de Lectura de Diario de Navarra (19.30h) para hablar de su última novela: la historia de emperatriz más poderosa del imperio que, aun siendo siria, logró forjar su propia dinastía

EVA FERNÁNDEZ / DIARIO DE NAVARRA

Santiago Posteguillo (Valencia, 1967) está cosechando su último éxito: ‘Yo, Julia’. La novela sobre la famosa emperatriz romana con la que se alzó en octubre pasado con el Premio Planeta, va ya por su quinta edición, más de 300.000 ejemplares vendidos en España y Latinoamérica, y permanece aún entre los primeros puestos de venta tres meses después de su lanzamiento. Lingüista, filólogo y profesor de Literatura anglosajona en la Universitat Jaume I de Castellón está considerado uno de los grandes autores de best-sellers y long-sellers en español y el escritor de la era romana por excelencia.

La causa, la publicación de dos exitosas trilogías. La primera, sobre el político y militar Escipión el Africano, que inició en 2006 con ‘Africanus: el hijo del cónsul’; y la segunda, editada con Planeta, sobre el primer emperador de origen hispano, Trajano, que vio la luz con ‘Los asesinos del emperador’, en 2011. Casado y con un hija, este jueves visita el Club de Lectura de Diario de Navarra (19.30h) para hablar de su última novela sobre Roma: esta vez protagonizada por una mujer.

Julia Domna es una mujer fascinante, pero poco conocida; como bien explica, por la escasa atención de los historiadores hacia las mujeres. ¿Cómo la descubrió?

Sabía que era una emperatriz importante, pero la descubrí al leer una biografía muy detallada sobre ella de la historiadora británica Barbara Levick, precisamente otra mujer. Levick se extrañaba de que no hubiera ninguna película ni ninguna novela sobre su personaje. Una película no estaba en mi mano, pero una novela sí, así que me puse a ello.

¿Por qué eligió un título paralelo al de la novela ‘Yo, Claudio’?

Era un homenaje al escritor británico Robert Graves, autor de la obra sobre el emperador romano. Visité su casa y vi su escritorio cuando estaba con la novela y todavía no tenía título. De modo que decidí que ya era hora de que en el siglo XXI una novela tuviera como protagonista a una mujer. ‘Yo, Julia’ definía muy bien además la enorme personalidad del personaje.

Prepararla le llevó tres años, ¿qué fue lo más difícil de la investigación?

Encontrar información sobre el personaje central fue muy difícil porque, al ser una mujer, no existían fuentes directas sobre ella. Tuve que recurrir a fuentes indirectas: orientales, como las de Dion Casio o Herodiano; y occidentales, como Aurelio Víctor, que abordaba la figura de su marido, Septimio Severo, y la Historia Augusta, que trata sobre sus hijos, también emperadores: Caracalla y Geta. Pero lo que cuesta el doble, luego es mucho más gratificante.

¿Qué hay de historia y de novela en el personaje de Julia Domna?

Hay mucho de historia. Todas las fuentes coinciden en que era muy inteligente y muy hermosa. Después, unas la acusaban de promiscua y otras no. Yo me he fiado más de las fuentes coetáneas, pero orientales, porque las otras fuentes la consideraban extranjera -ella era siria- y querían desprestigiarla. En Roma se tenía pánico a cualquier mujer oriental. No hay más que ver lo que sucedió con Cleopatra, que acabó envenenándose; y con Benedice, que al final fue repudiada por su amante el emperador Tito, ya que el pueblo no la aceptaba. Sin embargo, Severo nunca repudió a Julia. Fueron un matrimonio muy bien avenido -aunque con sus diferencias-, teniendo en cuenta la época y las circunstancias.

La potente historia de amor entre Severo y Julia es otro de los ganchos de la novela...

Severo desafió a la sociedad de su tiempo casándose con una mujer oriental. Las élites romanas la menospreciaban y eso la empujó a la luchar por el poder. Yo he recreado la historia de amor entre ellos, pero las fuentes diecen que estaban muy enamorados. Y la prueba está en todos los títulos que recibió: madre de los ejércitos, madre de los césares, madre de los emperadores, augusta, madre del senado y madre de la patria... También se acuñaron monedas con su efigie.

Era una feminista de la época...

Feminista no podía ser, porque es un concepto muy posterior y yo no puedo trasladar un concepto del siglo XX al siglo II. Pero sí fue una mujer astuta y audaz que no vio en el hecho de ser mujer un freno a lo que quería conseguir. Julia es un personaje cautivador, por lo que supone la lucha de una mujer contra los límites de su tiempo.

Un personaje que le venía como anillo al dedo en un momento donde se reivindicaba el papel de la mujer...

Pues sí, bendita coincidencia, teniendo en cuenta que en mi segunda trilogía ya había cada vez más personajes femeninos: emperatrices, gladiadoras, consejeras, sármatas guerras...

Julia es, sin embargo, muy femenina...

Así es. Siempre hay mujeres que cuando se acercan al poder masculinizan su imagen, leáse Angela Merkel o Hillary Clinton... Margaret Thatcher, sin embargo, cuando llegaba a las reuniones de la UE aparecía siempre vestida con su traje y plantaba su bolso encima de la mesa. Era una mujer que mandaba como un hombre. Ahí si que conectaba con Julia [ríe]. Julia en ningún momento rehúye su feminidad, sino que la utiliza. Interviene en el poder, sin dejar de ser femenina.

Y Severo, su marido, ¿también tiene mérito?

Julia tuvo la fortuna de unirse a un hombre que la apreciaba como era, un emperador que gobernó razonablemente bien y que tenía en cuenta a su mujer. Eso los hizo mucho más fuertes.

Con su novela se aprende muchísimo sobre Roma. Se nota que es profesor...

Llevo 26 años en la UJI. Dar clases significa que se te tiene que entender, tienes que trasmitir un conocimiento... En mis clases, como en mis novelas, utilizo la máxima de instrucción romana ‘Docere et delectare’ (enseñar y deleitar). Desde el entretenimiento se lleva mucho más fácilmente al aprendizaje.

‘Yo, Julia’ es además muy fácil de leer. ¿Cómo lo consigue?

Como ésta es mi séptima novela histórica, el método lo tengo muy trabajado. En primer lugar, utilizo un mensaje vehicular, sencillo, pero depurado. Prescindo de los párrafos preciosistas, que aunque puedan quedar muy bien, ralentizan el ritmo de la novela. También uso una clave audiovisual, muy de serie de televisión, de plano contra plano. Además, sitúo al lector en un lugar y en una fecha (en este sentido, también es muy periodístico). En cuarto lugar, organizo todo temáticamente: a cada uno de los cinco emperadores enemigos de Julia les dedico un capítulo. Y por último, empleo al médico Galeno como un narrador interpuesto, en tercera persona, que me ayuda a cambiar de escenario con facilidad. La combinación de todos estos elementos es más trabajosa para el escritor, pero más fácil para el lector. El trabajo lo quiero para mí y el deleite para el lector.

Sorprende de Roma lo actual que es todo, ¿verdad?

Sí. Es que la naturaleza humana no ha cambiado. Hemos avanzado tecnológicamente, nos relacionamos ahora a través del móvil, pero amamos, odiamos, somos leales o desleales igual que los romanos... Quizás en la época que narro había más inteligencia en la lucha por el poder que ahora...

Algo habremos avanzado...

Por supuesto. Avanzamos más lento que en la tecnología, pero lo hacemos. Ahora ya no existe la esclavitud, aunque las condiciones laborales para muchas personas siguen siendo penosísimas. La situación de la mujer tampoco es la misma, aunque aún quede mucho por hacer... Reconocemos patrones, porque siempre hay alguno que no quiere cambiar [ríe].

Pero la mujer en Roma gozó de derechos que luego se perdieron...

Así es. Por ejemplo, podía retener el control sobre la fortuna de su familia aunque se casara con otra persona, podía divorciarse e incluso podía abortar. De hecho había un abortivo muy frecuente, el silphium, una planta que luego en la Edad Media desaparece o lo hacen desaparecer. Estamos hablando por supuesto de mujeres romanas libres. Sí, es verdad que las mujeres romanas libres tenían más derechos en la antigua Roma que los que luego tendrían en la época de la Edad Media, pero Roma no dejaba de ser una sociedad patriarcal.

Ha dicho en alguna ocasión que la Unión Europea existe porque existió Roma. ¿Estamos asistiendo a su desaparición?

He de pensar en positivo y espero que no. La Unión Europea se creó sin el Reino Unido o sea que puede existir sin él. Otra cosa es si el Reino Unido puede existir sin la UE, que eso ya habrá que verlo. Con las negociaciones del brexit se están dando cuenta de que no es tan fácil. No obstante, la peor de las Uniones Europeas sigue siendo mejor que no tener Unión Europea. La UE nos ha dado el mayor número de años de paz en Europa en siglos. Así que yo creo que aunque solo fuera por eso, tendremos que seguir buscando fórmulas para mantenerla.

Viendo la magnitud del personaje y cómo termina la novela, ¿escribirá otra trilogía sobre Julia?

Una trilogía estoy seguro de que no; pero lo que estoy pensando es que, como ‘Yo, Julia’ ha sido muy bien acogida, podríamos hacer una segunda parte. Una segunda parte donde se concluya su historia y se cierre otro paralelismo con la obra de Graves, que se narra en dos novelas: ‘Yo, Claudio’ y ‘Claudio, el dios y su esposa Mesalina’. Sería un honor y una opción.

¿Habrá alguna Julia contemporánea entre nosotros?

No tenemos aún la perspectiva, pero pienso en las mujeres jóvenes norteamericanas que han salido elegidas en las últimas legislativas de EEUU, como la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, de Nueva York. Es muy joven y tiene un potencial muy grande, aunque es pronto para saber. Pero alguna Julia hay por ahí... Eso seguro. [ríe]