La Berlinale lleva la argentina ‘Los miembros de la familia’ a un cine de barrio

H.

La película de Mateo Bendesky, estrenada el pasado día 9 en la Berlinale, se proyecta en un cine de barrio acorde a la iniciativa, que cumple su décima edición, de llevar el festival casi al hogar de los espectadores

ELENA GARUZ / EFE

“Es maravilloso que nos hayan invitado a formar parte de ‘Berlinale goes Kiez’” -algo así como ‘la Berlinale se va al barrio’- porque por un lado “es buenísimo” tener una proyección más de la película, y por otro, “nos parece muy especial que sea en un cine ‘art-house’ de un barrio”, dice Bendesky.

El filme, que se proyecta dentro de la sección ‘Panorama’, la segunda en importancia del festival, narra el viaje de los hermanos Gilda y Lucas a un pueblo junto al mar para cumplir la última voluntad de su madre muerta.

Una huelga de autobuses les obliga a quedarse más de lo previsto en el pueblo y en ese tiempo que pasan juntos lentamente salen a la luz secretos del pasado y del presente. Poco a poco van apareciendo más personas en el microcosmos de estos dos hermanos y los parámetros de sus personalidades se van desplazando.

‘Los miembros de la familia’ es la tercera parte de una trilogía en la que el cineasta trabaja el tema de los hermanos y que enlaza con dos cortometrajes anteriores, ‘El ser magnético’, de 2015, y ‘Nosotros solos’, de 2017. La idea de los vínculos familiares es algo que le interesa hace mucho y que le apasiona explorar, a lo que se suma el deseo hace tiempo de hacer una película sobre adolescentes, cuenta.

Además, tenía muchas ganas también de hacer un filme sobre un duelo, porque “son dos procesos muy parecidos en su forma de ser”, poco claros y poco definidos, con “esta idea de mucha confusión”, pero que a la vez constituyen “un momento muy fuerte en la vida de las personas”, que tiene que ver con “dejar ir algo de uno”.

La película trata la elección que uno hace al elegir a las personas que le rodean y la “posibilidad infinita de construir nuestras vidas de millones de formas posibles”

Gilda y Lucas tienen una historia y una vida en común y un vínculo “que tienen que reconstruir y construir”, porque estuvieron separados un tiempo, en un momento de mucho dolor, explica. Entonces se encuentran en esta situación tras la muerte de su madre en la que se ven obligados por un lado a “crecer muy de golpe” y por el otro “a recomponer o a repensar el vínculo que tienen” y su idea de familia.

Al mismo tiempo entra en juego una teoría que, dice, le apasiona: la de que “quizás todo en nuestro universo es una simulación por computadora”. “Me gustaba esa idea de contraponer esta teoría como de la física muy abstracta con una realidad muy concreta”, la de creer que “todo en nuestra vida es una simulación, incluidos los vínculos”.

De esta manera, “nada está dado”, tampoco los vínculos, sino que “hay que crearlos y darles sentido” y eso, añade, “tiene que ver con una simulación”.

De eso un poco trata esta película, precisa, de construir o simular algo “que se vuelve real a partir de una decisión”.

Hay familias que tiene la suerte de nacer muy unidas, dice, otras que no se hablan, y gente que construye un vínculo familiar a partir de relaciones en los que no hay necesariamente lazos sanguíneos. De esto habla la película, afirma, “de esta elección que uno hace y la posibilidad infinita de construir nuestras vidas” de “millones de formas posibles” y “a partir de un montón de decisiones”. El quiebre de la película, que es su segundo largometraje, sucede precisamente en el momento en el que ellos “rompen con estos mandatos, rompen con una idea de lo dado y empiezan a adueñarse de lo que puede ser construido”, subraya.

“Es una película sobre la verdad, sobre experimentación, sobre la exploración y sobre lo que significa en algún sentido crecer, lo que significa construir una familia y lo que significa construirse a uno mismo”, resume. El título, aclara, alude por un lado a eso y también a un miembro que aparece en la película, una mano protésica, que era de la madre y que por sí misma cuenta otra historia que el espectador nunca conocerá.