En nombre de la ley

H.

ANTONIO CASADO

El jefe de la policía catalana durante las jornadas previas al referéndum ilegal del 1 de octubre de 1917, José Luís Trapero, ahora en tareas burocráticas, fue la estrella de la sesión del jueves en el juicio público por el proceso independentista. Simplemente por acreditar que ese cuerpo siempre estuvo de parte de la ley. Y por renovar su compromiso con la Constitución.

Algo tan lógico, tan normal, tan justo y tan necesario como la defensa del prestigio de los Mossos d’Esquadra por parte de quien fue su máximo responsable se ha visto como “un bombazo”. Que un policía se reconozca en el cumplimiento de su deber aparece como algo extraordinario ante la opinión publica. Pero, insisto, es en realidad la razón de ser de un policía. Lo mismo que la de un médico es mejorar la salud de los enfermos.

Los circuitos políticos y mediáticos han sufrido una sacudida tras la declaración del “major”. Entre otras cosas porque su figura viene asociada al procesamiento por supuesto delito de rebelión en la Audiencia Nacional, aunque este día compareció como testigo de la acusación popular (Vox) en el Tribunal Supremo, donde se juzga a los responsables de la trama política y civil del golpe independentista contra el orden constitucional.

Básicamente el jefe Trapero explicó con pelos y señales las dos reuniones (26 y 28 se septiembre de 2017) promovidas por él mismo con los máximos responsables políticos de la Comunidad (solo faltó la presidenta del Parlament, Carmen Forcadell, que ahora también se sienta en el banquillo) para advertirles de los peligros para el orden público y para la seguridad jurídica de los propios responsables policiales si se les empujaba a incumplir las leyes vigentes y las órdenes judiciales.

“Les emplazamos a cumplir la legalidad”, explicó Trapero a preguntas del presidente de la sala, Manuel Marchena. Y recordó lo dicho a los responsables de la Generalitat en una de las citas con Puigdemont, Junqueras y Forn: “Los Mossos estamos con la Constitución y no acompañamos el proyecto independentista. No se equivoquen con nosotros”.

Pero todo eso cayó en saco roto. La única reacción del president, Carles Puigdemont, según el relato del testigo, fue la de pedir a los mossos que hicieran “lo que tengan que hacer”. Fue lo que se le ocurrió después de que Trapero y los principales comisarios del Cuerpo le hubieran pedido detener una operación a todas luces ilegal (convocatoria de una consulta expresamente desautorizada por el Tribunal Constitucional), que los Mossos no compartían por ser contraria a la ley y a las ordenes judiciales.

Pero, como también ha declarado Jose Luís Trapero, quince mil policías no podían impedir lo que querían hacer dos millones de personas. No por las buenas, al menos.