El velocista huérfano

H.

El mítico trimarán que rompió por primera vez la barrera de los 50 nudos está abandonado en Hawái

FERNANDO MIÑANA / COLPISA

Era uno de los sueños de Eric Tabarly, el histórico navegante que revolucionó la vela en Francia en la segunda mitad del siglo pasado. La cristalización de los bocetos que dibujó, dejando volar su imaginación a todo trapo, allá por 1975.

El proyecto, denominado ‘Hydroptère’, fue tomando cuerpo y logró un aliado decisivo, Alain Thebault, con quien botó el revolucionario trimarán con ‘foils’ -unos apéndices que elevaban la embarcación, en una especie de vuelo rasante, cuando superaba los 12 nudos- en 1994.

La tripulación fue domando a esta bestia de 22 metros y medio de eslora hasta que, en noviembre de 2009, logró convertirse en el primer barco a vela en romper la barrera de los cincuenta nudos al alcanzar una velocidad de 50,17 nudos (92,91 km/h) durante una milla náutica (1.852 metros) en aguas de Hyères (Francia).

Este récord mundial duró tres años, lo que tardó el australiano Paul Larsen en arrebatárselo con el ‘Vestas Sailrocket II’. Pero el ‘Hydroptère’, uno de los primeros barcos en utilizar los ‘foils’ -una pieza ya habitual en las últimas ediciones de la Copa América-, será eterno por el ser el primero en superar la mítica marca.

Lo de la eternidad es algo relativo. Porque lo será su memoria, su hazaña, pero no el barco en sí, que quedó tristemente abandonado, una gloria relegada a un estorbo, en un puerto de Honolulu (Hawái) en 2015 después de que la tripulación que intentó batir el récord de velocidad en el Pacífico -no se dieron las condiciones óptimas- durante una travesía entre Los Ángeles y Hawái lo dejara a su suerte nada más pisar el pantalán.

Durante estos cuatro años estuvo olvidado en la marina, pero hace unos días el Departamento de Tierras y Recursos Naturales de la División de Navegación y Recreación Oceánica convirtió al ‘Hydroptère’ en un velocista en peligro de extinción. Este organismo anunció que el 28 de junio lo sacará a subasta y, si nadie lo quiere, lo mandará después al desguace. Su precio de salida será de ocho mil dólares (unos 7.100 euros) y compartirá la subasta con otras cuatro embarcaciones, que van desde un panga, un barco de pesca desechado tras el tsunami de Japón de 2011, que se vende por 500 dólares, al ‘Navatek II’, un barco de doble casco que ha aparecido en algunas películas de Hollywood y que sale a la venta por un precio inicial de 20.000 dólares.

Tabarly desapareció

El día que el ‘Hydroptère’ batió el récord mundial de velocidad lo hizo con Alain Thebault a la caña. Un año antes, la noche del 12 al 13 de junio de 2008, el mar se tragó a su amigo Eric Tabarly mientras navegaba, en medio de un temporal, con su gran amor, el ‘Pen Duick’ -su nombre significa pájaro negro en bretón-, el velero que había comprado y restaurado su padre en 1938.

Eric se lo quedó en 1952, pero antes, para poder pagarlo, tuvo que enrolarse en la Armada francesa. Con el ‘Pen Duick’ no solo aprendió a navegar a los seis años. El viejo velero, construido en 1898 en un astillero irlandés, también le convirtió en un experto en diseño y construcción. Quizá por eso, por sus conocimientos, el marino de Nantes se convirtió en uno de los primeros navegantes en creer en los ‘foils’. Siempre tuvo alma de pionero, como cuando innovó al realizar estudios hidrodinámicos en un canal de pruebas para configurar el ‘Pen Duick III’, con el que ganó la Sídney-Hobart y la Fastnet. O cuando incorporó tanques de lastre. O uranio empobrecido para el bulbo.

Tabarly se convirtió en una celebridad en 1964, el año que ganó una travesía entre Plymouth (Inglaterra) y Newport (Estados Unidos), por el Atlántico Norte, en solo 27 días, tres horas y 56 minutos. Cuando tenía 33 años, recibió un reconocimiento a sus gestas náuticas -su fama impulsó el mercado de la vela en Francia en un 70%- con la Legión de Honor, la mayor distinción en su país. De Gaulle le citó para condecorarle, pero el navegante se excusó diciendo que tenía que reparar su barco.

Unos meses después, el presidente de la República volvió a intentarlo, aunque esta vez, conociendo el carácter del famoso deportista, tiró de ironía: “Estaría encantado de contar con su presencia... si la marea es favorable, claro”. En 1976, tras ganar su segunda Transat, tuvo el honor de desfilar por los Campos Elíseos de París. Aunque, por aquel entonces, su imaginación ya estaba delineando un barco volador, un ingenio que hoy nadie parece querer.

Hydroptère

50,17 nudos (millas náuticas por hora) es el récord mundial de velocidad a vela que logró hace diez años. A casi 93 km/h sobre el mar.

22,48 metros de eslora y 24 de manga tiene el trimarán abandonado, fabricado con fibra de carbono, aluminio, titanio y kevlar. El mástil mide 28 metros.

“Prefiero morir libre” El diseño de este multicasco lleva la firma de Van Peteghem Lauriot-Prévost (VPLP) y Alain Thebault, aunque fue concebido por Eric Tabarly, que murió en el mar de Irlanda, durante una travesía entre Francia y Escocia, en 1998. El navegante acostumbraba a decir que prefería “morir libre que vivir atado”.

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