El valor de nuestros bosques

H.

El 80% de la población española vive en ciudades. Nuestros montes están abandonados y muchos de sus potenciales desaprovechados

JOSÉ MANUEL CABRERO

Este 2019, otra efeméride acompaña al Día Internacional de los Bosques que celebramos cada 21 de marzo. Se cumplen 250 años del nacimiento en 1769 del científico y naturalista alemán Alexander von Humboldt, precursor de la actual conciencia medioambiental. En el diario de su viaje por América entre 1799 y 1804, escribe Humboldt: “Cuando los bosques se destruyen, (...) los manantiales se secan por completo o se vuelven menos abundantes. Los lechos de los ríos (...) se convierten en torrentes cada vez que caen fuertes lluvias en las cumbres. La hierba y el musgo desaparecen de las laderas de las montañas (...) y entonces el agua de lluvia ya no encuentra ningún obstáculo en su camino (...) y forma esas inundaciones repentinas que destruyen el país”. Lo cuenta al ver la deforestación en Venezuela y Ecuador, y lo recordaría años después en su viaje a Rusia.

Nuestros bosques españoles (y europeos) se encuentran afortunadamente en una situación radicalmente distinta a la descrita por Humboldt, como recoge el Informe de Situación de los Bosques y del Sector Forestal en España (disponible en http://secforestales.org/content/informe-isfe). España es el tercer país con mayor superficie forestal arbolada de Europa (18,2 millones de hectáreas), tras Suecia y Finlandia. Duplica la superficie forestal de Francia, y casi triplica la de Alemania.

Como acertadamente indicaba Humboldt hace más de 200 años, los bosques protegen nuestros montes y conservan el ciclo hidrológico. Además, son también grandes productores de materias primas. De ellos podemos extraer madera, leña, biomasa para energía, corcho, resina, setas, piñones, caza... Somos conscientes de su vital importancia, y por ello diseñamos y ejecutamos planes de gestión forestal en los que atender a esta multifuncionalidad.

El pinar de Valsaín (Segovia), adquirido por la Corona en 1761, es un interesante y cercano ejemplo de buena gestión. Gracias a los inventarios de sus árboles, conservados desde 1889, sabemos que en este siglo y medio se han extraído del monte 1,5 veces sus existencias iniciales (1.814.150 m3). Pero lejos de esquilmarlo, el bosque actual ha rejuvenecido (en el 2000 había 2,5 veces más árboles jóvenes que al comienzo), y se ha mejorado la calidad de la madera producida (en 2010 había un 32% más de pies gruesos respecto a 1889). Todo ello, respetando simultáneamente los hábitats de especies de interés o en peligro de extinción: las poblaciones de buitre negro y águila imperial se han multiplicado exponencialmente desde que existen datos.

Los bosques españoles crecen con un ritmo actual de expansión (2,19 %/año) mucho mayor al del resto de países europeos (con un crecimiento medio del 0,51 %/año). Aunque pueda parecer una buena noticia, tras este dato se oculta la triste realidad del mundo rural. Como recientemente indicó el Banco Mundial, el 80% de la población española vivimos en ciudades. Desgraciadamente, nuestros montes están abandonados y muchos de sus potenciales desaprovechados.

El crecimiento anual de la madera de los bosques españoles (45 millones de m3) es tres veces superior a la cuantía que realmente se corta y aprovecha (15 millones de m3 por año). Nuestros bosques crecen porque nuestros pueblos se vacían. Debidamente gestionados, los bosques españoles podrían ofertar una producción anual de alrededor de 30 millones de m3 de madera, suficiente para nuestro consumo actual. Toda nuestra madera podría ser “kilómetro cero”.

Las consecuencias de usar más y mejor nuestros bosques serían muchas. Cambiaría sin duda su situación de abandono, y se reduciría el impacto de los incendios forestales. Serían valiosos económicamente, y en consecuencia, tendrían asegurado su futuro. Además, aumentarían el empleo rural: incrementar las extracciones de madera a los posibles 30 millones de m3 duplicaría los 200.000 empleos forestales actuales. Y también lo harían el resto de actividades económicas relacionadas con el bosque (ocio, caza, turismo rural...).

Todo ello mejoraría la situación de nuestros pueblos. Tendrían una renovada y revitalizada actividad económica, y nuevos habitantes. Como nos enseñaba Alexander von Humboldt hace más de dos siglos, nuestros bosques son valiosos. Somos nosotros quienes podemos hacerlos valiosos.

José Manuel Cabrero, Director de la Cátedra Madera de la Universidad de Navarra