El último contenedor para el padre Valerio

H.

Toda una vida siendo misionero

El misionero salesiano Valerio Zudaire Echávarri falleció el pasado día 1 de enero. La ONG Asociación Ayuda Escuelas en África culmina su labor con el envío de 24.000 kilos de material a Togo

ainhoa piudo / diario de navarra

“He recibido cientos de whatsapp desde todas las partes del mundo. Ha muerto un santo, dicen algunos. Y tienen razón. Yo he llorado lo que no está escrito”. Francisco Javier Aldunate ha sentido la muerte del misionero salesiano Valerio Zudaire Echávarri (Artavia, 1931) como la de un padre. Su vínculo se remonta décadas en el tiempo, uno profesor de varios colegios salesianos y el otro, exalumno en uno de ellos, en Sádaba (Zaragoza) para más señas. “Desde ese día nos hicimos amigos”, sostiene.

El lazo se mantuvo porque Aldunate creó junto a otros 17 exalumnos de la congregación una ONG para apoyar desde aquí la labor en las misiones, a las que Zudaire dio el salto en 1985. Primero, en Mali, donde estuvo 18 años. A partir de entonces, en Togo, en la misión de Cinkassé, un pueblo situado al norte del país y cuya parroquia abarca otra veintena de poblaciones. Allí, acompañado por otros cuatro salesianos, Zudaire impulsó la construcción de un colegio para más de 600 alumnos y un internado para algunas decenas, así como impulsó la construcción de pozos de agua.

200 KILOS POR CONTENEDOR

Los voluntarios de la entidad, que se llama ‘Asociación Ayuda a Escuelas Profesionales en África’ y fue constituida oficialmente en 1996, cargaron el sábado el último contenedor con misión a Cinkassé desde las instalaciones de la también ONG Ayuda Contenedores, en las Casas de Puig de Echavacoiz. Con Zudarie se despide también la actividad de la asociación. “Él era el que le daba sentido”, piensa Aldunate.

En este último envío lo que ha predominado ha sido la ropa, pero antes han llegado a mandar hasta una furgoneta. “Pupitres, mesas, pizarras, camas giratorias para un dispensario, medicamentos, artículos de primera necesidad, vino de celebrar”, enumera Aldunate. Eso sí, “todo bien apretado, aprovechando cada hueco”, porque se paga por contenedor. Cada uno ronda los 20.000 o 25.000 kilos. El viaje por tierra hasta Bilbao, y de allí por mar hasta la capital de Togo, Lomé, cuesta unos 3.000 euros. Los 800 kilómetros restantes hasta Cinkassé, otros 2.000. “Pero nosotros nos hacemos cargo del viaje hasta Lomé”, puntualiza. Detrás de todo, la solidaridad de multitud de particulares y empresas que, a lo largo de todos estos años, han donado dinero y material. “Cuando he pedido, no me han dicho que no”, agradece Aldunate.

Zudaire, que recibió el año pasado uno de los Premios Solidarios de la ONCE, llevaba un tiempo “pachucho” y la congregación le había enviado a una residencia salesiana en Sevilla. Allí falleció el pasado 1 de enero, hacia la una y media de la tarde. Justo antes de Navidad había estado en Pamplona, donde supervisó otro envío de un contenedor. El día 4 se celebró su funeral en su Artavia natal, al que siguió otro en los Salesianos de Pamplona. “Ha dejado mucha huella”, concluye Aldunate.

En una entrevista publicada en este periódico, el misionero decía haberse acostumbrado “a todo” en África, menos a una cosa: “Se te cae el alma a los pies cuando ves morir a alguien en el suelo y que está en los huesos, cuando sabes que en un hospital podría vivir”. El resto, malarias y paludismos incluidos, le parecían “cosas pequeñas”. “Las he pasado un montón de veces sin estar ni un solo día en la cama”, confesaba.

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