El sonido se aparta de la imagen

H.

Jorge Jácome, el ganador del año pasado, arrancó la única ovación con una reflexión sobre la nostalgia

FERNANDO HERNÁNDEZ / DIARIO DE NAVARRA

La disociación entre lo que se ve en la pantalla y lo que se escucha en los altavoces ha sido frecuente en muchas películas de la sección oficial de este Punto de Vista, pero se convirtió, casi, en una constante en las proyecciones de la mañana de este viernes, las últimas de un festival que anuncia este sábado su palmarés.

Quizá esa disociación alcanzó su punto más alto en tres de las cuatro películas que formaban parte del décimo programa de la sección oficial, especialmente con la última, ‘Parsi’, del director argentino Eduardo Williams. ‘El poema No es de Mariano Blatt’, cuyos versos comienzan con un “parece” (“parece Cristiano Ronaldo”, “parece una metáfora manejando un auto”, “parece un veterano gay de la guerra de las Malvinas cantando ‘Pet Shop Boys’”, “parece poesía argentina traducida al inglés”) suena durante los 23 minutos de película, como si se tratase de una enumeración que tiende al infinito. En la pantalla, mientras tanto, unos jóvenes que llevan una cámara (con una cierta distorsión) caminan, corren y patinan por Bissau, la capital de Guinea Bissau. Aunque en buena parte del metraje solo se escucha el sonido ambiente, en ocasiones hablan, y sus voces impiden oír el poema.

Los colores del altiplano

Antes, ‘Altiplano’, de Malena Szlam, había propuesto un viaje de 16 minutos por los Valles Calchaquíes, una zona que abarca territorios de Chile, Argentina, Perú y Bolivia, aunque la película está rodada solo en los dos primeros. Editada en buena parte directamente en cámara, según explicó la directora chilena, recoge imágenes, en ocasiones superpuestas, de un paisaje en el que al principio dominan los ocres y el salitre del desierto, que contrasta con el purísimo azul del cielo, hasta que poco a poco se impone el verde de los campos.

Pero el sonido de la película, una vez más, tiene poco que ver con lo que vemos. Szlam dijo que ella era una “recolectora” de la banda sonora de su película, que incluye sonidos de cantos de ballena o movimientos geológicos, y también los “infrasonidos” no audibles grabados por el vulcanólogo Clive Oppenheimer en el Monte Erebus de la Antártida y Susanna Buchan en su investigación sobre las ballenas azules.

Jorge Jácome, el ganador del gran premio Punto de Vista del año pasado con ‘Flores’ volvió este viernes al festival para presentar ‘Past perfect’. La película, que se ganó la única ovación de la jornada por parte de los asistentes a las proyecciones, es, según explicó el realizador portugués, “un intento de trasladar a imágenes y sonidos” el espíritu de la obra de teatro Antes, del dramaturgo Pedro Penim, que le había invitado a trabajar con él.

‘Past perfect’ se plantea como “una investigación para encontrar la razón de nuestra melancolía”, en el que las imágenes (un osario, dinosaurios, palmeras...), muchas veces distorsionadas ilustran un diálogo que se produce en los subtítulos. Dos personas a las que no oímos conversan sobre la nostalgia como “arma política”, que hace pensar que el pasado fue perfecto. Los ejemplos que ponen, desde el asesinato de los grandes duques en Sarajevo hasta, con una cierta ironía, la desaparición de los dinosaurios, muestran que no es así.

Marinos ahogados

La cuarta película del décimo programa fue ‘Una luna de hierro’, del chileno Francisco Rodríguez, quien contaba que el punto de partida de su película son los tripulantes chinos que se tiran por la borda de sus barcos en el estrecho de Magallanes para “huir de sus condiciones laborales”. Esas muertes y desapariciones alimentan, explicó, “las mitologías locales”.

Rodríguez va contando la historia de cuatro de estos marineros suicidas: sugiere la investigación oficial, cómo las autoridades chinas niegan que estuvieran condenados a trabajos forzados, como encuentran uno de los cadáveres en el pozo. Es una lástima que el sonido directo, en español, quedase en demasiadas ocasiones en un segundo plano y fuera más fácil seguir la evolución de la cinta a través de los subtítulos.

La madre de Luke Fowler y sus tarjetas de investigadora

Por la mañana, la sección oficial comenzó con Lisa, una miniatura fuera de competición en la que la directora alemana Ute Aurand retrata a su amiga Risa (Lisa) Matura en Berlín y Yokohama, en blanco y negro y en color.

Ya a concurso, ‘Mum’s cards’ es otro retrato, el de la madre del cineasta Luke Fowler, una profesora de sociología que no aparece en pantalla pero cuya voz se escucha mientras la cámara recorre los miles de fichas que ha ido recopilando a lo largo de su carrera. La cámara se detiene en una palabra, una sílaba, incluso una letra, sin intención de mostrar el contenido, casi como una experiencia estética.

‘Vever (for Barbara)’ es el nuevo proyecto de Deborah Stratman, que el año pasado consiguió el premio al mejor cortometraje con ‘Optimism’. En la película, reúne las imágenes tomadas por Barbara Hammer en Guatemala, sobre todo de mujeres en un mercado indígena, con las reflexiones de Maya Deren sobre el fracaso de los proyectos artísticos. “La escucha es un acto político”, dijo Stratman este viernes en Pamplona.

Instrucciones

En ‘Instructions on how to make a film’ la cineasta Nazli Dinçel, narra, como dice el título, instrucciones para hacer una película, desde comprar una cámara y película, que combina con reflexiones teóricas (“el lenguaje puede convertir el arte en pensamiento o, lo que es peor, en cultura”. Mientras, la cámara muestra cómo plantar en una tierra de labranza o imágenes de arte ASCII. Quizá el momento más extraño es cuando aparece en pantalla una felación, en un plano tan cercano que es más mecánico y abstracto que pornográfico, mientras la narradora da explicaciones acerca de la semiótica de la representación.

La mañana la cerró ‘I hope I’m loud when I’m dead’ (Espero meter ruido cuando esté muerto) en la que Beatrice Gibson combina perturbadoras imágenes de violencia en nuestros días con poemas de Kai Conradi y Eileen Myles, que considera que son “las mejores poetas de América”. La película termina, sin embargo, en un tono optimista, con la directora inglesa y su hija pequeña bailando de forma desenfrenada a los compases de ‘The rythm of the night’, el tema disco que lanzó a la popularidad al grupo Corona en los años 90.

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