“El público se identifica con nuestra manera de hacer teatro”

H.

Después de haber revolucionado el teatro clásico con montajes como ‘Cervantina’ o ‘En un lugar del Quijote’, la compañía Ron Lalá se adentra en el género ‘noir’ con ‘Crimen y telón’. El montaje, que llega este sábado al Gayarre, servirá de aperitivo para el festival Pamplona Negra.

NOELIA GORBEA / DIARIO DE NAVARRA

“Señores y señoras del público: quedan detenidos como sospechosos, cómplices o testigos de un articidio en primer grado. Tienen derecho a reír, llorar, emocionarse, seguir el ritmo de las canciones y no desvelar a nadie el final...”. Así arranca Crimen y telón, un thriller con música en directo, a contrarreloj y a tiempo real que convierte a los espectadores en testigos y sospechosos del mayor magnicidio de la historia de las tablas: ¿quién mató al Teatro? La compañía Ron Lalá, una de las más innovadoras de la escena actual, se adentra en el género negro con su habitual fusión de teatro, humor y música en directo. Cinco actores-músicos llevarán al público por un laberinto de intrigas y carcajadas.

¿Por qué se decantaron por el género noir para rendir este homenaje al teatro?

Primero pensamos que la mejor manera de homenajear al teatro era jugar a que lo matábamos. Es una manera de hacer saber que el teatro no va a morir y que goza de buena salud a pesar de todo. Creemos que el humor es la vía más importante a la hora de compartir algo con el público, sobre todo en esta época de corrección política. En esta obra situamos la acción en un hipotético 2037 donde las artes estarían prohibidas.

En ese futuro que van a llevar a escena, la Tierra está dominada por la inteligencia artificial. ¿Por qué este escenario futurista?

Es una manera de llamara a la reflexión sobre qué nos pasa con este mundo globalizado, con las redes sociales... Tenemos que aprender a convivir con este nuevo mundo que nos toca y una vez más el teatro tiene la tarea de ponerle un espejo a la sociedad.

‘Crimen y telón’ arranca con la aparición del cadáver del teatro. En este caso, los espectadores son testigos del asesinato y también sospechosos.

Es un juego más, y también una manera de decir que el arte y la cultura dependen del uso que les demos. Cuanto más consumamos cultura, más difícil será acabar con ella. En Crimen y telón, el público tendrá la ventaja de enterarse de lo que va pasando antes que los propios personajes. Es decir, el espectador irá un paso por delante y creo que esto hace especialmente interesante el lugar del público, más allá del juego de que sean sospechosos.

Este thriller ofrece un recorrido por la historia del teatro, también a nivel sonoro. ¿La música es un personaje más?

En Ron Lalá siempre es así. Además, lo hacemos sin prejuicios. Nos dejamos llevar por la creación y nunca hemos tenido prurito en poner un género musical u otro. Esa libertad de trabajo juega a favor de nuestros montajes, donde realizamos la construcción dramatúrgica con la música. En esta obra el público va a poder escuchar de todo, desde música barroca hasta jazz, pasando por un narcocorrido mexicano. Los actores están tocando música todo el tiempo. Creo que siempre es un plus la ejecución en vivo de la banda sonora, porque está vibrando a la par de los actores, siendo un elemento más dentro de todo ese sistema nervioso que mantiene a una obra en pie.

La trama es trepidante y los actores también interpretan la música. ¿No tienen un respiro?

Sí, del mismo modo que los futbolistas tampoco tienen un respiro cuando están jugando un partido. Es decir, hay un trabajo de equipo donde todo el mundo está atento todo el tiempo y sudando la camiseta, porque en cualquier momento le llega la pelota y debe entrar en acción. En el trabajo colectivo ronralero se siente mucho este espírito de equipo, es algo que subyace en todos nuestros montajes.

La puesta en escena juega con el contraste entre el blanco y negro y el color.

El montaje está lleno de flashbacks en los que se va viendo la historia del teatro. Por primera vez, la acción se desarrolla en dos planos y nos hemos animado a abordar un lenguaje visual más interesante.

Cada montaje de Ron Lalá supera al anterior. ¿Cómo han trabajado antes de llegar a la versión definitiva de ‘Crimen y telón’?

Son muchos meses de trabajo, en este caso un año entero. Primero encontramos la idea, luego planteamos el espacio escénico y también hacemos un gran acopio de material de lectura y audiovisual para tener un gran bagaje de información. A partir de ahí hacemos reuniones creativas donde establecemos la línea argumental y vamos construyendo todo el esquema, pensamos ideas para números, gags... El autor, Álvaro Tato, se lleva todo ese material y después trae un primer libreto a la sala de ensayo que acabamos tirando a la basura para ir reconstruyendo la obra. En el caso de Crimen y telón, hemos estrenado con el decimotercer o decimocuarto libreto. Siempre digo que cuanto más más lleno está el cubo de la basura, más lejos podemos mirar.

¿Hasta qué punto llega la creación colectiva en Ron Lalá?

Todo el mundo aporta y mucho. En los ensayos siempre surgen cosas de manera espontánea. De repente aparece una propuesta mejor y hay que tirar a la basura lo que teníamos y escribir algo nuevo. Álvaro Tato lleva la voz cantante en el texto, Miguel Magdalena en la música o yo en la puesta en escena, pero todo el mundo aporta en los diferentes planos en los que vamos trabajando. Hemos llegado a un punto de generosidad y de renuncia en el que somos capaces de dar lugar a aquello que sea mejor que la idea anterior.

¿En qué autores se han inspirado a la hora de poner en pie este montaje de temática noir?

Nuestros referentes han sido Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Agatha Christie... Hemos revisado todo Sherlock Holmes, hemos leído El candor del Padre Brown de Chesterton, A sangre fría de Truman Capote... Y también hemos visto cine negro, como ‘El tercer hombre’ o ‘El halcón maltés’. Y también hemos hablado del primer caso detectivesco de la historia de la humanidad, donde el rey de Siracusa entrega cinco kilos de oro para que le hagan una corona y al sospechar que ha habido un fraude, pide a Arquímedes que lo investigue. Hemos hablado, leído y escuchado mucho. Por otro lado, también hemos rescatado esa visión de los detectives atormentados, como Philip Marlowe o Henning Mankell.

¿El público es cada vez más ronralero?

Sí. Lo mejor que nos ha podido pasar es que el público se identifique con nuestra manera de hacer teatro. Estamos muy felices y orgullosos, aunque eso nos obliga a redoblar la apuesta y a no cejar en el esfuerzo de mejorar hasta donde se pueda.