“El Partido Socialista de Navarra y un gobierno de cambio son antagónicos”

H.

Mitxel Lakuntza Vicario acaba de ser elegido secretario general de ELA, el mayor sindicato del País Vasco y el tercero en Navarra, máxima responsabilidad a la que llega tras 20 años en la organización

C. L. / DIARIO DE NAVARRA

El nuevo secretario general de ELA, Mitxel Lakuntza Vicario (Pamplona, 1976), comenzó su andadura sindical muy joven. Tras una fulgurante trayectoria que le llevó a coordinar el sindicato en Navarra desde 2004, ahora ha dado el salto para dirigir la centenaria organización, un puesto que por primera vez recae en un navarro. Técnico en electrónica en Gamesa, se afilió a ELA en 1999 y dos años después se integró en su estructura interna. En 2002 fue nombrado responsable en Sakana, después pasó a formar parte de la dirección de la federación de Industria y desde 2004 entró en la ejecutiva del sindicato. Hijo de electricista y nieto de ferroviario, reconoce que en su familia no había tradición sindical, un camino que él decidió emprender empujado por las “malas condiciones laborales” que tuvo que padecer en sus comienzos en Gamesa.

¿Cómo se lleva asumir a los 43 años el liderazgo de un sindicato con 100.000 afiliados?

Mi mayor preocupación es acertar para contribuir a un proyecto que es solvente como instrumento para la defensa de los trabajadores y trabajadoras. Eso pesa mucho por la dimensión y la repercusión que tiene este cargo.

¿Cuál es su prioridad ahora?

Luchar contra la precariedad del mercado de trabajo e intentar condicionar la política para lograr avances sociales.

Esa respuesta la daría cualquier sindicalista.

La diferencia es que no es algo exclusivamente retórico, sino que se traduce en acciones reales. Ponemos a disposición de la clase trabajadora instrumentos como la caja de resistencia, a la que se destina una cuarta parte de la cuota que pagan los afiliados, que nos permite luchar contra la creciente precariedad a través de la huelga.

¿Podemos esperar que ELA promueva más huelgas ante esa precariedad creciente?

Sí. Un caso reciente lo encontramos en Navarpluma. Hacer frente a la precariedad presente sin la huelga es imposible. Ahora, es una experiencia dura que supone un gran sacrificio, no nos vamos a engañar. Y si sale bien, se logran mejoras como pasar de un sueldo de 800 euros al mes a 1.200. Eso se acaba sabiendo y tiene una fuerza tremenda para replicar nuestro modelo a otras empresas.

Pero la mayor parte de las empresas en Navarra son pymes, que afrontan muchas dificultades para sobrevivir en un mercado globalizado muy competitivo. ¿No cree que es bueno para los trabajadores empujar en la misma dirección que los empresarios?

Hay datos sobre el reparto de la riqueza que son muy evidentes. Con el mismo PIB que en 2007, las rentas del trabajo han perdido tres puntos. Son 600 millones que han pasado del bolsillo de los trabajadores a los excedentes empresariales. Es casi un saqueo.

¿Le iría mejor a ELA si dejara a un lado la cuestión identitaria?

No, al contrario. La afiliación en el País Vasco es superior al 41% y aquí en Navarra roza el 23%, la más alta que hemos tenido, a tan solo dos puntos de UGT, que está en primer lugar. Nuestro éxito se basa en el modelo sindical que defendemos que prima la honestidad y ligado a una autonomía total de cualquier partido político. Somos un instrumento para que las personas se impliquen y puedan luchar por sí mismas.

“La política fiscal y económica de este Gobierno ha sido prácticamente igual que la de UPN. Sin cambio en la política fiscal, no hay políticas sociales justas”, sentencia Lakuntza

¿Todos sus afiliados son abertzales?

Evidentemente, no. Tenemos una base plural y para nosotros eso es una buena noticia. Significa que el sindicato llega a personas a las que, en teoría, deberían ser más difíciles de captar. Ello nos permite atravesar fronteras que otros en el campo político no son capaces.

En su discurso de toma de posesión en el congreso de ELA afirmó que el cambio en Navarra no se había producido. ¿Hasta qué punto llega su decepción?

El cambio se ha producido en algunos términos y el sindicato lo reconoce. Pero el balance logrado por el Gobierno de Navarra y el cuatripartito es excesivamente optimista y complaciente. El cambio sí ha venido en cuanto a las formas. Este Gobierno ha integrado el conjunto de la realidad política, social, sindical y cultural de Navarra.

¿Falta por tanto el cambio en materia económica y fiscal?

Sí, sí, sí. La política fiscal y económica de este Gobierno ha sido prácticamente igual que la de UPN. Sin cambio en la política fiscal, no hay políticas sociales justas.

Las encuestas apuntan que la única alternativa a Navarra Suma pasaría por integrar el PSN en el Gobierno. ¿Cómo lo vería ELA?

Mi opinión es que el PSN arrastra una historia marcada desde la época de Urralburu. El PSN y el cambio son antagónicos.

¿En qué ha quedado la demanda judicial contra los convenios que UGT y CC OO concertaban con el Servicio Navarro de Empleo?

Estábamos muy convencidos que esos convenios incurrían en un fraude y cogimos una parte para armar una demanda, pero el juzgado no quiso entrar en el fondo.

¿Y no recurrieron?

No sé cómo estará ese tema, pero para nosotros dejó de ser un problema porque el Gobierno de Navarra desmanteló el sistema.

Sin embargo, tras acusaciones muy graves a UGT y CC OO, no hay sentencia condenatoria. Por contra, sí hay una sentencia firme de 2015 contra dirigentes de ELA en el País Vasco por “delito de amenazas condicionales”.

Son cuestiones distintas. Es una acusación que se le hace a este sindicato en una empresa concreta en no sé qué año. El caso de UGT y CC OO afecta a la gestión de políticas públicas por doce millones.

“A pesar de las coincidencias con LAB en la teoría, en la práctica tenemos diferencias evidentes. Para recomponer esa relación, va a ser importante coincidir en la práctica”, afirma Lakuntza

Pero no hubo delito, en contra de lo que denunció ELA.

Puede que no hubiese un problema de legalidad, pero había una decisión política que nosotros criticamos. Y, respecto a la parte de formación encubierta como orientación, sí que veíamos una ilegalidad. La prueba de que teníamos razón es que ese sistema ya no existe hoy. La propia CC OO hizo una autocrítica de aquello. Les pagaban la luz, el teléfono...

¿De dónde salió esa acusación?

Tuvimos acceso a una información pública. No sé quién la colgó por error, pero nosotros nos hicimos con aquello antes de que lo quitaran. Teníamos muchos detalles que nunca hemos querido hacer públicos.

En su discurso de toma de posesión mencionó que disponían de una lista con “nombres y apellidos” de 200 personas de UGT y CC OO que vivían de los convenios. ¿Es legal tener ese fichero?

Eran 170. Lo tuvimos en su día.

¿Han borrado esa información?

No sé dónde estará eso, pero fue una información pública y tendrá ese tratamiento. Y no creo que fuésemos los únicos en tenerla.

Respecto a LAB, dijo que la sintonía tendrá que venir “desde abajo”. ¿Fue una carga de profundidad contra su dirección?

Quería mandar un mensaje de que, más allá de que las cosas estén mal con LAB a pesar de las coincidencias en la teoría, en la práctica tenemos diferencias evidentes. Para recomponer esa relación, va a ser importante coincidir en la práctica.

UGT y CC OO son “régimen” y con LAB no coinciden en la práctica. Critican al Gobierno foral y no se pueden ni ver con la patronal. ¿ELA contra el mundo?

No podemos engañarnos para que no parezca que estamos solos. Tenemos que contar la verdad. Obviamente, nuestras diferencias con UGT y CC OO no son las mismas que con LAB, que es un aliado potencial. También reconocemos que solos no podemos.