El desbordamiento del Cidacos deja en Olite más de 200 damnificados

H.

La mayoría de los daños los han sufrido viviendas y coches particulares. El Ayuntamiento ofrecerá una charla informativa para que los vecinos conozcan los trámites a seguir

IRANZU LARRASOAÑA / DIARIO DE NAVARRA

Olite ya ha registrado más de 200 damnificados por la riada del pasado lunes. El Ayuntamiento habilitó al día siguiente una Oficina Única de Reclamaciones a la que los vecinos siguen acudiendo para dar parte de los daños materiales que les han dejado las inundaciones. Desde el Ayuntamiento señalan que, en los próximos días se ofrecerá una charla informativa para aclarar a los vecinos los pasos a seguir y los trámites necesarios para acceder a las ayudas.

Tres días después de la catástrofe, el barrio Venecia de Olite amanecía este viernes con casas vacías. En otras, sus propietarios se afanaban en ultimar las labores de limpieza y hacer un inventario con todas las perdidas para poder enviárselo al seguro. Todos los vecinos confían en que los pagos lleguen pronto para poder empezar a rehabilitar las casas y volver a vivir en ellas lo antes posible. Sin embargo, son conscientes de que podrían pasar meses antes de que puedan regresar. Antes de comenzar a pintar y arreglar las viviendas tendrán que esperar a que se sequen y se elimine la humedad.

El comercio

En situaciones como la que se está viviendo en la Zona Media de Navarra, el comercio es el gran afectado puesto que a las perdidas materiales se suma la paralización, durante un periodo indeterminado de la actividad laboral. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en Tafalla, en Olite el tejido comercial no ha sufrido los estragos del desbordamiento del río Cidacos. Por el momento, solo se tiene constancia de dos negocios afectados por las inundaciones. El primero es la Panadería Erri Berri, localizada en la calle Garínoain, y el segundo una tienda de alimentación.

Tres días después de la tragedia, este viernes una de las preguntas que se hacían los vecinos era si con un aviso el alcance de los daños podría haber sido menor. Mientras encuentran la respuesta, todos intentan recuperar, poco a poco, la normalidad.

“Estaba con mi madre de 98 años”

Charo Blasco Lekunberri abría este viernes la puerta de la que hasta el lunes fue su casa. Los estragos de las lluvias torrenciales le han obligado a trasladarse “a un apartamento que nos ha dejado un amigo”. “Aquel día lo pasamos muy mal”, reconocía sobrecogida.

Habían pasado tres días desde que el agua empezó a entrar en su casa. “Estaba con mi madre, que tiene 98 años y no puede andar”, explicaba mientras recorría los pasillos de la vivienda con la mirada perdida. “Nadie nos avisó de que esto iba a pasar”, se quejaba mientras comentaba con angustia que aquella noche su máxima preocupación fue su madre.

“No venían”

“El agua seguía subiendo y no la conseguía sacar”, aseguraba mientras señalaba que llamó varias veces al 112 y “no venía nadie”. “La tuve que sentar en alto para que no se mojara”, recuerda con tristeza mientras agradece la llegada de la Guardia Civil. “Pusieron a salvo a mi madre”, se emocionaba.

Además de la casa, Blasco también ha perdido el txoko y el coche. “Es una tristeza total, pero hasta que no venga el perito no podemos empezar a hacer nada”, reconocía.

“Me da la sensación de que, como somos muchos afectados, las ayudas van a tardar mucho en llegar”, reflexionaba preocupada. “Tenemos que esperar a que la casa seque para poder pintarla, así que tardaremos en volver a vivir aquí”, aseguraba.

“Me lancé al agua para rescatarlos”

José Luis Jiménez Guillermo ayudaba a limpiar el patio de una vivienda de la calle Garínoain, de la que todavía no se había conseguido eliminar todo el fango. “Aún nos queda mucho por hacer porque está todo destrozado”, reconocía mientras señalaba los efectos que había dejado la tormenta en aquella casa.

A pesar de que él no vive en la calle Garínoain, el lunes se acercó para intentar ayudar porque tiene familia allí. “En esta casa -por la vivienda que estaba ayudando a limpiar- había quedado atrapado un matrimonio. “Él tiene 80 años y ella, de 76, sufre Alzheimer”, explicaba mientras recordaba que se encontró a cerca de 150 personas mirando.

“El agua venía con una corriente muy fuerte y no se atrevían a lanzarse al agua”, comentaba. “Decidí hacerlo yo y formé una cadeneta junto a los agentes de la Guardia Civil”, relataba mientras confirmaba que consiguieron sacar al matrimonio. “La Policía Municipal y la alcaldesa avisaron de las inundaciones con media hora de antelación, pero no se me pasó por la cabeza esto. En 33 años nunca había visto nada así”, aseguraba todavía sorprendido.

En piragua

Durante las primeras horas tras las inundaciones, recordó que había vendido una piragua a un vecino y la cogió para recorrer las calles. “Fui casa por casa ofreciendo mi ayuda”, señalaba mientras pedía que los seguros y ayudas lleguen pronto para ayudar a estas familias.

“Solo he perdido dos coches”

Daniel González Santos, un vecino del barrio Venecia contemplaba este viernes, con los ojos vidriosos, las plazas vacías del garaje de su edificio, que tres días después de las lluvias amanecía prácticamente limpio. “Me siento afortunado porque solo he perdido dos coches y tengo vecinos ya no tienen casa”, comentaba con generosidad. “Trabajo en asistencia en carreteras y siempre suelo dar el consejo de dar las gracias porque solo son daños materiales, ahora me lo tengo que aplicar a mí mismo”, señalaba emocionado.

Un paisaje desolador

“El lunes, en el garaje el agua me llegaba hasta el pecho”, describía mientras señalaba la marca del nivel del agua dibujada en la pared. Aquella tarde, Daniel y su mujer estuvieron en casa pintando. Escuchaban el ruido del río, pero no se imaginaban el desolador paisaje que ofrecía una mirada desde la ventana. “Salí al balcón y vi que la corriente arrastraba un contenedor y un coche”, recordaba y añadía que intentó sacar los suyos del garaje, pero llegó tarde. “La única nota positiva ha sido la cantidad de gente que se ha acercado a ayudar”, agradecía la labor de los voluntarios, pese a que matizaba que “es una pena que tengan que pasar estas cosas para que seamos humanos”.

Además, sugería que “si se hubiese avisado antes, quizá, se podría haber subido cosas de valor encima de los muebles, evitando algunas pérdidas. “Esto es algo que ves por la televisión y piensas, ¡no puede pasar aquí!”.