De Colón a las elecciones

H.

PEDRO CALVO HERNANDO

Tenía que llegar y llegó. El comienzo del juicio al procés. Es el acontecimiento que más nos va a asombrar y que más tiempo nos llevará teóricamente. Un gran espectáculo que nos ha de conducir a través de la reconstrucción de todos los avatares de ese lado increíble del devenir político de este país en los últimos años, cuyas derivaciones ignoramos ahora absolutamente y que en cualquier momento puede adquirir componentes de tragedia, de comedia, de drama o de lo que imaginemos ahora y que se irá mezclando con todo lo demás, que ahora voy a comentar, todo con mimo y con la mayor ausencia de prejuicios de que sea capaz.

Veamos. La lógica política dicta que tras el acto de rectificación de Pedro Sánchez al romper las negociaciones con los independentistas, los partidos de la derecha estaban obligados a desconvocar la manifestación del domingo en la plaza de Colón. No hacerlo supuso una tremenda contradicción, puesto que la base de la manifestación había sucumbido y ya carecía por completo de su razón de ser. Al no hacerlo así, PP, Cs y Vox dejaban meridianamente claro qué era lo que de verdad les movía, que en ningún momento eran las razones que venían esgrimiendo machaconamente. Ahí puede residir la causa del gran fracaso de público en la concentración madrileña. Pero el colmo es que convocaran otra para el domingo siguiente en Barcelona.

Lo que de verdad quería la derecha era que el jefe de Gobierno no se volviera atrás porque era lo único que le convenía al trío PP-Cs-Vox. El paso atrás de Sánchez dejaba sin base ni apoyo toda la brutal movida de la derecha, empezando por los groseros insultos de Casado a Sánchez (traidor, felón, mentiroso compulsivo, traidor que pacta con golpistas...). La famosa primera foto tripartita quedaba gravemente desautorizada y sin embargo las derechas no dieron ningún paso atrás.

Sánchez había sido muy claro al asegurar que jamás su partido y èl iban a aceptar la autodeterminación de Cataluña, pues todo lo harían con la Constitución y nada sin ella. Los insultos de Casado, su comparación de la situación de Cataluña con el terror etarra del pasado y la actualización del debate del aborto inquietaban mucho en el seno del PP, pero tampoco lo advertían los dirigentes de ese partido. Se habían vuelto ciegos y tal vez sordos. Nunca desearon que el presidente del Gobierno rompiera las negociaciones con el separatismo, porque eso era lo que menos les convenía a Pablo Casado y sus fieles, como tienen demostrado hasta la saciedad. ¿Cómo se explica su comportamiento?

Cuando escribo, se cierne en el ambiente la amenaza de disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones generales, siempre pospuestas por Pedro. La agencia EFE había rubricado la inquietud nacional ante ese posible estallido político. La duda que sobrevolaba era la derivada de que a los independentistas no les interesaba en absoluto este desenlace, frente al cual tendrían que renunciar a cargarse la viabilidad de los Presupuestos Generales del Estado...

El terrorífico clima político de estos últimos días oscurecía gravemente la actualidad nacional. Todo el mundo forzaba su memoria para encontrar antecedentes parecidos. Cuando más falta hace la presencia protagónica de Pedro Sánchez era cuando de forma más inverosímil las lanzas se disparaban contra él. En un clima de brutal persecución, que no se sabe a qué podría conducir. Lo único sensato es recuperar la capacidad de buscar una solución inteligente y aceptable para todos.

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