China: año nuevo, ciclo nuevo

H.

China está concluyendo un periodo de su historia, el comenzado con la reforma y apertura hace cuarenta años, y a las puertas de una nueva época

ANDRÉS HERRERA-FELIGRERAS

Se inicia el año nuevo chino: el año del cerdo. En el horóscopo chino, el cerdo es un signo asociado a las pasiones y a la abundancia. En las páginas de ‘El Viaje al Oeste’, vemos al cerdo Zu -uno de los héroes de esta obra clásica china- lujurioso y manirroto haciendo gala de su valor y capacidad para resolver problemas en ayuda del Rey Mono y el Monje Tang. Sin duda, Xi Jinping necesitará de las mejores habilidades de Zu en este 2019 que, todo apunta, será clave para su mandato.

Xi Jinping concluyó su primer mandato (2012-2017) con grandes resultados -en ámbitos como la reducción de pobreza y la lucha contra la corrupción- y un alto índice de popularidad. Pero también sentó las bases de un nuevo discurso en torno a la construcción de una nueva China. Ese nuevo discurso incluye la ruptura con el liderazgo colectivo y con la limitación de mandatos propugnada por Deng Xiaoping. Una ruptura no exenta de críticas en el interior del Partido Comunista Chino.

Xi se han embarcado en cambios de profundidad. Especialmente en la transformación del modelo de desarrollo que aspira a situar a China entre el grupo de países líderes de la Cuarta Revolución Industrial, estimular el consumo y reducir su dependencia de la inversión exterior. Pero hay dudas sobre el éxito del programa. Por ejemplo, en la repercusión en el crecimiento. Oficialmente China crece al 6.5% pero hay quienes afirman que la realidad sería en torno al 2%. Algo similar ocurre con la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda, los críticos sostienen que este programa esta llevando al endeudamiento de los gobiernos locales y que, por diversas casuísticas, algunos beneficiarios de fondos chinos integrados en el proyecto pueden arrastrar financieramente al país.

En octubre se celebrarán los 70 años de la fundación de la República Popular China, una fecha que estará muy cerca del final del Plan Quinquenal (2016-2020). Será entonces cuando la gestión de Xi tendrá que pasar un severo examen.

En 2018 vimos estallar la guerra comercial entre Estados Unidos y China -actualmente en tregua- pero la realidad es que las dos grandes potencias económicas están librando un enfrentamiento con diversos campos de batalla: el comercial, el tecnológico, el acceso a los recursos o la influencia regional.

En el plano comercial, todo apunta a que el conflicto puede -en primer lugar- perjudicar a las empresas, el empleo y a los consumidores estadounidenses; sin embargo, en un plano más estratégico (inversiones, cadena de suministro global, transferencia tecnológica, etc.) ralentizaría el avance de China hacia sus objetivos de modernización.

En otro orden de cosas, la preocupación estadounidense por perder la batalla tecnológica se ha puesto de manifiesto con la detención de la directiva y heredera de Huawei, Meng Wanzhou, el mismo día en el que Xi y Trump se reunieron para abordar el enfrentamiento comercial entre ambos países. A nadie se le escapa el mensaje. Y China tendrá que decidir si acepta el envido o, por el contrario, pasar en la “mano” de la expansión tecnológica.

Tanto el presidente Trump como el vicepresidente Pence han reconocido la rivalidad con China y la han calificado de amenaza. De ahí que asistamos al surgimiento de focos de tensión en América Latina o Asia que, durante 2019, no dejarán de crecer. No parece que China vaya a entrar en el juego como lo hicieron los soviéticos. Pekín ha tomado buena nota de las repercusiones que, para la economía soviética, tuvo la Guerra Fría. La República Popular, por el contrario, busca la creación -como todo Estado moderno- de una esfera de influencia. Una influencia basada en vínculos de tipo económico y no de sistema político. China parece asumir que no puede ejercer un liderazgo mundial como el que actualmente tiene Estados Unidos.

En definitiva, 2019, como ha señalado Xulio Ríos -director del Observatorio de la Política China-, “será un año importante para China y nos dirá mucho sobre el segundo mandato (de Xi Jinping), y sobre si habrá un tercero”.

Iniciamos el Año del Cerdo, que es también con el que se cierra el ciclo de los doce signos del horóscopo chino y, de forma similar, podríamos decir que China está concluyendo un periodo de su historia presente -el comenzado con la reforma y apertura hace cuarenta años- y a las puertas de un nuevo ciclo en el que tendrá que avanzar con cuidado en la gestión de sus asuntos domésticos, definir qué rol quiere jugar en el mundo y, especialmente, qué tipo de relación va a establecer con Estados Unidos.

Andrés Herrera-Feligreras es socio director de Herrera Zhang & Partners