Arriesgarse a trabajar

H.

En los últimos cinco años, los percances ‘in itinere’ han crecido un 27%. Las empresas “defienden que no es su problema”

SUSANA ZAMORA / COLPISA

Miguel Ángel tenía 20 años y hacía solo uno que había conseguido su primer contrato. Quería trabajar y, con la ayuda de su padre, metió cabeza como electricista en una empresa de telecomunicaciones. El puesto requería desplazarse por Andalucía, pero le gustaba conducir y la carretera nunca fue un obstáculo para él; fue su tumba. El 13 de marzo de 2006, como hacía diariamente, cogió el coche después de comer para ir al trabajo. Apenas un trayecto de seis kilómetros entre las localidades granadinas de Atarfe y Albolote por una carretera secundaria. Miguel Ángel encontró allí la muerte, después de que el conductor de otro vehículo que iba hablando por el móvil invadiera el carril contrario y lo embistiera.

Su madre, que hoy es delegada de Andalucía de la Asociación Stop Accidentes, da cuenta de aquellos fatídicos días con impotencia y rabia. Mari Ángeles Villafranca no encuentra consuelo a la muerte de su único hijo. Ni a la de su marido, que tiempo después se quitó la vida. “No superó nunca que aquel conductor se fuera de rositas. Hablar por el móvil no estaba penalizado entonces y el test de alcoholemia era voluntario y no se prestó a hacerlo. Matar a mi hijo le salió barato; 180 euros”, se duele la mujer, al revivir un siniestro que fue considerado accidente laboral ‘in itinere’. Hoy el Código de la Circulación castiga la práctica de usar el teléfono mientras se conduce, y ella trabaja para que la gente tome conciencia de que se juegan vidas cuando uno maneja el volante.

Más de la mitad de los accidentes de tráfico en España tienen lugar en los trayectos de ida o vuelta al trabajo (‘in itinere’). Fueron 50.475 de los 102.233 acaecidos en 2017 (últimas cifras oficiales disponibles). Ese año, 120 trabajadores se dejaron la vida por el camino. Suelen ser recorridos rutinarios de corta y media distancia, pero a los que acompañan variables de riesgo (falta de sueño, fatiga, estrés, distracciones, conducción nocturna...) que precipitan estadísticas inquietantes.

En los últimos cinco años, los siniestros ‘in itinere’ han aumentado un 26,7%. En general, las cifras de accidentes de circulación en el ámbito laboral (ALT), ya sean al ir o volver del trabajo (‘in itinere’) o durante la propia jornada laboral (‘in mision’), traen de cabeza al Gobierno de turno, que cerró 2017 con el dato más elevado de la década: 69.108 siniestros.

La reactivación económica y una mejor tasa de empleo han impulsado el número de desplazamientos por carretera y, en consecuencia, las probabilidades de que se produzcan más incidentes de esta naturaleza. Así lo constata el primer ‘Informe sobre Seguridad Vial Laboral en España’, realizado por el Real Automóvil Club de España (RACE) en colaboración con el Ejecutivo y la Comisión Europea. “Ya lo advertimos en 2009: si la siniestralidad desciende mucho cuando se contrae la economía, es indicativo de que nuestro sistema preventivo no es todo lo potente que sería de desear y, por tanto, una vez superada la crisis, podríamos enfrentarnos a un incremento notable del número de accidentes”, recuerda Ana García de la Torre, secretaria de Salud Laboral de UGT.

Al aumento de desplazamientos hay que sumar también nuevas realidades sociales, como la explosión del comercio electrónico y la mensajería asociada a este fenómeno o el auge de los servicios a domicilio, que ponen en jaque cada día a miles de trabajadores. Eduardo Llano lo sufrió hace catorce años en propia carne cuando se ocupaba de repartir pizzas a domicilio en Oviedo. Con tan solo 19 años, quedó postrado para siempre en una silla de ruedas. Un coche se saltó un semáforo en rojo y se lo llevó por delante. Él no la sufrió, pero sostiene que la presión laboral sobre los repartidores es moneda común, porque el sueldo depende del ritmo de su actividad. Y si no es frenético, casi ni compensa. Hoy colabora con la asociación Aesleme en labores de información y concienciación.

La reactivación económica y una mejor tasa de empleo han impulsado el número de desplazamientos por carretera y, en consecuencia, las probabilidades de que se produzcan más incidentes de esta naturaleza

García de la Torre advierte de que “detrás de gran parte” de los accidentes de tráfico en el ámbito laboral se esconden condiciones de trabajo “lamentables”, que atribuye a la entrada en vigor de la reforma de 2013. Una temporalidad de los contratos limitada hasta el extremo aboca a mucha gente a buscarse varios empleos y alargar el horario de trabajo. “Y esa realidad va asociada al estrés que causan las prisas por llegar a tiempo; al cansancio tras jornadas interminables; a las distracciones por el uso del móvil para atender las llamadas del jefe o de un cliente; y a la falta de atención por la monotonía de un trayecto conocido”, enumera la responsable sindical.

Para los expertos, la solución pasa por implantar planes de movilidad en las empresas. “Muchas piensan que lo que le ocurra al trabajador de puertas para afuera de la oficina ya no es su problema”, denuncia García de la Torre, que pone sobre la mesa la cifra total de accidentes ‘in itinere’ reconocidos en 2017: 81.524 (50.475 de tráfico y 31.049 sin vehículos implicados, en su mayoría fruto de caídas y sobreesfuerzos).

Inversión rentable

“La seguridad vial ha estado fuera de los Planes de Prevención de Riesgos Laborales hasta hace pocos años, y aún muchas empresas carecen de ellos”, lamenta Mónica Colás, subdirectora general de Formación de la Dirección General de Tráfico (DGT). “Por ley, están obligadas a salvaguardar la seguridad de sus trabajadores, pero los datos constatan que el 75% de las empresas no tiene un plan para prevenir esos accidentes de circulación en el ámbito laboral”, apunta Jorge Ortega, responsable del Programa de Seguridad Vial en la Fundación Mapfre.

Del estudio realizado por esta entidad entre medio millar de empresas se desprende que la seguridad vial es un asunto que preocupa sobre todo a las grandes compañías, que son las que tienen más recursos económicos y pueden invertir en formación. “Sin embargo, el plan hace aguas en las pymes y, especialmente, entre los autónomos, a los que les cuesta asumir que es una inversión rentable”, subraya Ortega. Lo argumenta sencillo: una baja conlleva muchos gastos y costes ocultos asociados al prestigio de la empresa. Según el RACE, las bajas por accidentes viales laborales han pasado a la sociedad una factura de unos 2.000 millones de euros en los últimos nueve años. Por tipologías, el coste medio de cada siniestro leve que produce una baja asciende a 17.900 euros, a 237.800 el grave y a casi dos millones en caso de resultar mortal.

Los datos del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) revelan que, aunque la mayoría de fallecidos en accidentes ‘in itinere’ son hombres, el porcentaje de mujeres implicadas en este tipo de siniestralidad es algo superior al de los varones. “Está relacionado con los problemas a la hora de conciliar vida profesional y familiar”, aclara Elena Fernández, coordinadora de la Asociación Día.

Para que un accidente laboral de tráfico se considere ‘in itinere’ tiene que producirse en un trayecto habitual, sin desvíos, dentro de un período de tiempo razonablemente estimado desde la salida o hasta la llegada al puesto de trabajo y con un medio de transporte convencional. Sin embargo, se trata de un asunto controvertido por las infinitas circunstancias que pueden concurrir y que a menudo requieren del criterio de un juez para esclarecer si la naturaleza del siniestro es o no laboral. “La jurisprudencia es tan contradictoria como considerar accidente de trabajo si se produce al ir a recoger al hijo a la guardería de camino a casa, pero no otorgar igual reconocimiento si ocurre cuando vas a buscar a tu pareja a la salida de su oficina”, expone Jorge Campmany, socio director del despacho Campmany Abogados.

La ley

Regulación

Los accidentes laborales ‘in itinere’ están regulados en España en el texto refundido de la Ley General de la Seguridad Social (RD 1/1994, de 20 de junio), en su artículo 115.2.

Cuatro condiciones

Para que un percance en el trayecto de ida o vuelta al trabajo se considere accidente laboral deben darse estos cuatro requisitos, según explica el abogado Jorge Campmany: teleológico (la finalidad principal del viaje está determinada por el trabajo); geográfico (el accidente debe producirse durante el trayecto habitual del domicilio al lugar de trabajo o viceversa); cronológico (el accidente debe producirse dentro del tiempo prudencial que normalmente se invierte en el recorrido; es decir, que el recorrido no se vea alterado por desviaciones que “obedezcan a motivos personales o de interés particular que rompan el nexo causal con la ida o la vuelta al trabajo”; y modal (uso de un medio de transporte convencional).

Dormir en otra casa

Pasar la noche en un domicilio diferente al habitual, por ejemplo, en casa de los suegros, no impide el reconocimiento de un accidente laboral ‘in itinere’ si la desviación en el recorrido hasta el puesto de trabajo no es significativa. Así lo consideró el Tribunal Superior de Justicia de Galicia.

Parar a hacer la compra

Realizar la compra al finalizar la jornada laboral responde a “patrones usuales” de comportamiento, según el Supremo. Así, la calificación de accidente de trabajo no debe excluirse por la posibilidad de alguna gestión intermedia razonable.

Trasladar a un compañero

Llevar a su casa a un compañero de trabajo después de terminar la jornada no es relevante a efectos de considerar un accidente como ‘in itinere’. Según la doctrina del Supremo, todo accidente debe interpretarse ampliamente en cuanto a desvíos justificados, y la continuidad en el tránsito no puede exigirse de forma tan rigurosa que impida cualquier parada. No obstante, no tiene la misma consideración cuando el desvío del trayecto habitual se realiza para recoger al cónyuge en su centro de trabajo, como ha señalado el Tribunal Superior de Justicia de Las Palmas, o para despedir a unos amigos, según el de Murcia.