Los bitcoins contaminan tanto como una ciudad del tamaño de Las Vegas

14 jun 2019 / 21:14 H.

La minería de las criptomonedas ha cuadriplicado sus emisiones de carbono en 2018, según los científicos

DOMÉNICO CHIAPPE / COLPISA

Los lugares donde se fabrican los bitcoins, una moneda virtual que sin embargo requiere de complejos cálculos matemáticos para ser validada por el sistema económico, son inmensas naves repletas de ordenadores dispuestos en andamios que llegan a hacer millones de ecuaciones por minuto. Ubicadas en distintos lugares del mundo, estas “minas” de criptomonedas requieren una gran cantidad de energía para que las máquinas funcionen. La moneda, que actualmente se cotiza en unos 7.000 euros en su versión más popular, es etérea pero su impacto medioambiental es incluso más alto que su cotización.

Un estudio de la Universidad Técnica de Múnich y el Instituto Tecnológico de Massachusetts ha seguido la huella de carbono que deja la producción de bitcoins y asegura que las emisiones de CO2 que suelta esta industria es comparable a la de ciudades del tamaño de Las Vegas o Viena. Similar a Alicante o Málaga, mayor que Vizcaya o La Coruña. “Entre 22 y 22,9 megatones de emisiones de CO2 anuales”, afirma el artículo ‘La huella de carbono del bitcoin’, publicado en la revista ‘Joule’. “El impacto del bitcoin es lo suficientemente relevante como para abrir un debate sobre la regulación de la minería de las criptomonedas”, dice Christian Stoll, autor principal de la investigación e investigador de Múnich. “Muchas de las regiones donde se asienta la industria del bitcoin generan gran cantidad de emisiones de CO2 para conseguir su electricidad. Las granjas de moneda virtual deberían establecerse en lugares donde la energía sea renovable”.

Para rastrear el consumo eléctrico de la minería de criptomonedas, los investigadores calcularon el consumo de energía de la red eléctrica mundial. Sus datos evidencian que el consumo de electricidad del sector se cuadruplicó en 2018, llegando a los 46 teravatios por hora, una cifra astronómica destinada en su mayoría a la alimentación de los ordenadores, instalados en circuitos cerrados. Los investigadores lograron clasificar a los “mineros”, desde el individual que utiliza máquinas caseras hasta las empresas gigantes que han proliferado en los últimos años, gracias al aumento de la cotización del producto.

“En esas operaciones, se necesita energía adicional para enfriar el centro de datos”, explica Stoll. Los datos se cruzaron con otras estadísticas y con direcciones IP y se concluyó que el 68% de la potencia energética proviene de Asia, el 17% de Europa y un 15% de América del Norte. La irrupción de las criptomonedas imponen una carga adicional al clima y el efecto invernadero, sentencian los investigadores.