24.650 peregrinos, cifra récord en los últimos años

H.

El sol bendijo la caminata, en contraste a la lluvia que rebajó en 2018 el registro a 15.800 fieles. El arzobispo insta a los jóvenes a “no dejarse llevar por lo fácil” y habla de la familia como lo mejor de la sociedad

ASER VIDONDO / DIARIO DE NAVARRA

“Ni frío, ni calor: cero grados. Eso marcaba el termómetro cuando hemos emprendido la marcha. Pero una vez nos hemos puesto a andar, ha salido el sol y han empezado a subir las temperaturas, nos hemos ido quitando capas como una cebolla”. Eva Lafuente Martínez, de 43 años; Mª José Lizaso Arruabarrena, de 50; y Pili Beriáin Loitegui, de 47, madres de alumnos del colegio Claret-Larraona de Pamplona, comenzaron este sábado a caminar desde Monreal a las 7.45 horas. Habituales de las Javieradas, realizaban estas declaraciones en la Venta de Judas de Lumbier poco antes del mediodía y con temperaturas de unos 14 grados. Aún seguirían subiendo, alcanzando a primera hora de la tarde los 23 grados en la zona de Javier. Así, los miles de peregrinos participantes en esta segunda y soleada Javierada culminaron su marcha a más de 20 grados de diferencia de cuando la empezaron.

“Es preferible llegar a Javier con calor que con lluvia o viento. Si no, te quedas helada en la misa ante el castillo”, reflexionaba otra peregrina, Mari Tere Esparza González, de 59 años y vecina de Pamplona, que caminaba con amigos. “Hemos salido de Noáin a las 7.00 con 0 grados. Ya en Monreal hemos empezado a entrar en calor”.

Sobre las 10 de la mañana, el grueso de peregrinos se encontraba a la altura de Izco y se disponía a iniciar el descenso del puerto de Loiti. “En esta segunda Javierada, a diferencia de la primera, los participantes se esfuerzan para llegar al Vía Crucis desde Sangüesa o a la propia misa de las 17.00 en Javier. Se madruga más. A las 7 de la mañana ya hemos visto pasar gente por el merendero de Sengáriz, por ejemplo, cuando en la del sábado anterior empiezan a las 9”, expresaba Pedro Luis Martínez de Albéniz, coordinador de la Red Nacional de Radio de Emergencia (Remer). “Hay muy buen ambiente, aunque el día ha empezado muy frío. Un compañero ha dicho que en la Venta de Judas, a las 7.00, hacía 1 grado bajo cero”, añadió.

Largas colas para ‘repostar’

Precisamente allí, a mediodía, las temperaturas habían subido quince grados, lo que favorecía la espera a los cientos de peregrinos que hacían cola para comer o beber en el puesto de avituallamiento de Asvona. Un punto de atención que, como la propia entidad que lo gestiona, cumple 29 años. “Este año, como novedad, contamos con una gran tienda de campaña cedida por el Regimiento América 66 del Ejército, ya que el año pasado se rompió la carpa que nos aportaban los Bomberos”, explicaba Elena Acaz Carro, presidenta de Asvona, que se afanaba en preparar cientos de bocadillos. “Todo esto no sería posible sin las empresas colaboradoras”, dijo. Dieciséis voluntarios, desde las 8 de la mañana, atendieron a los peregrinos.

Allí realizaba un alto, por ejemplo, el grupo de la parroquia San Miguel de Pamplona entre quienes se encontraba Andrés Aldave Yániz, pamplonés de 24 años. “Venimos con los niños de catequesis desde Idocin”, aseguraba, en manga corta y con gafas de sol y sombrero. “Ha salido un tiempo increíble. Y sorprende dado el frío que hacía por la mañana”. Al final del día los monitores invitaron a los chavales a cenar hamburguesas.

Cruz Roja, con 150 voluntarios, aportó la atención sanitaria de la jornada. “Sale lo típico: ampollas, sobrecargas musculares... El problema de estos días que empiezan con frío y luego suben a más de 20 grados es que la gente viene con calcetines gordos y gruesas botas, y los pies lo pagan”, señalaba el voluntario de Ansoáin y 30 años Guillermo Rol Tranchero en el puesto de Venta de Judas.

“El día no ha podido salir mejor”. Óscar Azcona Muneta, delegado de Misiones y Javieradas del arzobispado, hizo un positivo balance de esta segunda marcha de 2019, en las que son sus primeras peregrinaciones al cargo. “Solía hacerlas andando y me está faltando algo, pero es lo que toca”, ironizaba. “Lo importante es que participan muchísimos jóvenes, y eso es clave para el futuro. Que lo pasen bien y disfruten, pero también que recen y vivan por dentro lo que todo esto supone”, sentenció.

Con la vista puesta ya en la Javierada número 80

Una vez terminada la segunda y multitudinaria Javierada de este año, llegará el momento de hacer balance. Tiempo para que desde la organización se estudie qué ha ido bien y qué se podría mejorar. Por ejemplo, si la recomendación de que los peregrinos se desvíen desde Liédena por la ruta de Sangüesa para llegar a Javier ha tenido éxito, o no. Asimismo, tocará empezar a pensar en las Javieradas de 2020. Una cita especial, pues se cumplirán 80 años de estas peregrinaciones.

“Aún estamos muy centrados en terminar bien las marchas de este año y no ha dado tiempo a pensar más allá. Veremos cómo conmemorar ese año redondo”, indicaba Óscar Azcona, delegado de Misiones y Javieradas del arzobispado.

Fue en 1941 cuando el arzobispo Marcelino Olaechea organizó la primera Javierada de modo oficial. El año anterior hubo ya una peregrinación protagonizada por la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz. Y en 1886 otra organizada por la Diputación Foral en agradecimiento al Santo por no sufrir la epidemia del cólera.